Espacio público y elecciones, Campeche 1850-1910

por Ivett García

Durante las campañas electorales y en los momentos posteriores a los comicios, los diferentes grupos políticos ocupan el espacio público, ya sea para mostrar su capacidad de movilización, celebrar su triunfo o expresar su inconformidad. Por habitual que hoy nos parezca, fue a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX que dichas prácticas tomaron forma. La pretensión de este texto es dar un esbozo de dicho proceso a partir de lo ocurrido en la ciudad de Campeche.

De acuerdo con la prensa local el 4 de julio de 1857 numerosos amigos fueron a recibir a Pedro Baranda, prominente político campechano, por la noche le organizaron una serenata alegre y concurrida, que recorrió las calles de la ciudad. Se trataba de un acto con obvios tintes políticos, sin embargo formalmente era más cercano a un evento particular, se presenta como una simple reunión de amigos, no como un acto de proselitismo.

Cuarenta y cinco años después el panorama había cambiado drásticamente. De acuerdo con el Semanario Unión y Progreso, el Círculo Liberal Campechano, realizó una concurrida asamblea el 15 de septiembre de 1902, en el teatro Francisco de Paula y Toro; posteriormente, los asistentes y numerosos simpatizantes formaron una columna que marchó por diversas calles para notificarle a José Castellot que había sido electo para contender por la gubernatura del estado de Campeche en las elecciones próximas. De acuerdo con el semanario se trató de “un hermoso e imponente espectáculo”, una multitud, compuesta por aproximadamente dos mil
individuos, provenientes de todos los estratos sociales.

Si comparamos ambos eventos podemos notar que, en casi cincuenta años la utilización de las calles como escenario para mostrar la capacidad de movilización política cambió de forma y fondo. Al iniciar el siglo XX la ocupación de las calles por
simpatizantes de un candidato era una práctica aceptada y reiterada. Por otro lado,
la cantidad y la calidad de los asistentes, pasó de numerosos simpatizantes, al
pueblo en general hasta llegar a la participación de los diferentes sectores de la
sociedad, divididos según su ocupación, burócratas, militares, comerciantes,
etcétera; es decir, se trata de una totalidad diferenciada e identificable como
ciudadanos y por tanto con una capacidad legitimadora mucho más elaborada que
la simple mención del pueblo en general. Un mecanismo cercano al que más tarde
dominaría el siglo XX, vía las confederaciones obreras y campesinas, los sindicatos
y las cámaras empresariales.

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