Clipperton, una isla en el Pacífico global

por Francisco Macías Maldonado

A 1000 km mar adentro desde el puerto de Acapulco se encuentra una minúscula isla que encierra una insólita historia. La isla de la Pasión o Clipperton fue el escenario de una tragedia: una guarnición de soldados mexicanos fue olvidada allí durante la revolución mexicana de 1910 y sólo el azar devolvió algunos sobrevivientes a tierra. ¿Por qué estaban esas personas allí? Además de este tétrico episodio, la historia de Clipperton bien puede leerse bajo la clave de la historia global.

La historia global es una perspectiva que concibe la realidad como un conjunto de fenómenos interdependientes unos de otros. Es una manera de escribir la historia que busca la explicación de los procesos en los contactos e interacciones entre sociedades y espacios distintos, más allá de los límites nacionales. Parecerá extraño pensar una isla de apenas 5 km en conexión con el resto del mundo, pero de hecho lo está.

Poblada por aves y palmeras, esta isla sirvió como referencia náutica a los galeones que regresaban de Manila a Nueva España durante los siglos XVI y XVII. Y sirvió de escondite a los piratas que los asechaban, como a John Clipperton en 1719, de quien se desprende uno de sus nombres. A lo largo del siglo XIX, esta isla figuró como objeto de las ambiciones territoriales de potencias expansionistas. Por ejemplo, de Francia que buscaba una ruta para sus planes coloniales en Indochina y de Estados Unidos que prolongó su expansión a las islas del Pacífico.

Sin embargo, el impulso que llevó la presencia humana a Clipperton fue la explotación del guano. El guano es el excremento de las aves marinas que, por su alto contenido de nitrógeno y fosfatos, es un excelente fertilizante. Al conocerse estas propiedades se desató una búsqueda desenfrenada del recurso, acentuada porque los costos se reducían a hallarlo y transportarlo. Para esto, las compañías guaneras utilizaban trabajadores escriturados o culíes -respectivamente, marineros o asiáticos en un precario esquema laboral- a quienes dejaban cavando en las islas por largas temporadas.

Imagen tomada de: Stager, Kenneth E. “The birds of clipperton island, eastern pacific”. The condor, vol. 66, núm. 5, 1964

Dentro de ese impulso, en 1897, una compañía estadounidense estaba extrayendo el guano de Clipperton. Al enterarse de ello, el gobierno de Porfirio Díaz despachó una expedición militar para hacer acto de soberanía. El resultado fue la regularización de las actividades de la compañía y el establecimiento de una guarnición permanente en 1905 para supervisar a los trabajadores del guano. Ésta fue integrada por el coronel Ramón Arnaud Vignot, 13 soldados y sus respectivas familias, y recibía provisiones de un buque del ejército periódicamente.

Como fruto del golpe militar que derrocó al presidente revolucionario Francisco I. Madero a principios de 1913, el buque de abasto fue hundido. Siguieron recibiendo provisiones de los barcos guaneros pero la concesión expiró y un buque recogió a los trabajadores en junio de 1914. No imaginaba Arnaud que los conflictos en México arreciarían y que ése sería su último nexo con el exterior. Al agotar las provisiones, este grupo sobrevivió de cocos, pescado y huevos de ave. Enseguida los soldados sucumbieron en altamar buscando rescate. Nacieron tres niños. Después, el cuidador del faro sometió a las mujeres y, al final, éstas lo mataron. El aislamiento duró hasta julio de 1916 cuando, en el marco de la primera guerra mundial, un buque estadounidense se aproximó y rescató a los sobrevivientes.

Por razones aún desconocidas, antes de salir exiliado por la revolución, Díaz sometió la posesión de la isla a un arbitraje internacional, el cual en 1931 determinó dar Clipperton a Francia. Décadas después, Francia instaló allí una base científica vinculada con sus programas de defensa y pruebas nucleares. Curiosamente, la historia trágica fue dada a conocer en 1978 por el explorador marino Jacques Cousteau quien visitó la isla junto con Ramón Arnaud Rovira, el niño clippertonita sobreviviente.

A fin de cuentas, existen argumentos para cada país que ha reclamado la isla a lo largo del tiempo. Más allá de ello, es notable que su tamaño y su posición no impidieron que estuviera en contacto con lo que sucedía en el resto del mundo. De hecho, los procesos globales suscitaron la interacción en Clipperton y a través de escasos enlaces le dejaron su huella.

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