Teoberto Maler y el misterio de su legado fotográfico

por Julieta I. Martínez López

Teoberto Maler, explorador y fotógrafo austriaco, llegó a México en 1864 como soldado del cuerpo de voluntarios austro belgas del Ejercito Imperial Mexicano. Tras la caída del Imperio, Maler decidió permanecer en México y trabajar como fotógrafo en Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Entre 1880 y 1905, realizó expediciones principalmente en la península de Yucatán, que generaron numerosas fotografías y descripciones de monumentos prehispánicos. Su obra, considerada pionera en la arqueología mexicana, posee un gran valor patrimonial. Sin embargo, la historia de su legado fotográfico, consistente en miles de registros, ha sido poco estudiado a pesar de su importancia documental.

En noviembre de 1917, en medio de la agonía, el explorador expresó su última voluntad respecto a sus posesiones: su legado fotográfico debía quedar en manos del Museo Nacional de México; su colección científica y de piezas arqueológicas, en posesión del consulado austrohúngaro en Mérida; y el resto de sus pertenencias serían entregadas a Isabel Galas y su descendencia.

Teobert Maler, “Chichén, Templo del Dios recostado” (detalle), ca. 1899. Legado Maler, Chichén Itzá I: Tempel und Stelen / Yucatán, Ibero-Amerikanisches Institut (IAI).  https://digital.iai.spk-berlin.de/viewer/image/1049586883/3/

A pesar de que la prolífica producción fotográfica de Maler fue explícitamente cedida al Museo Nacional, se sabe que en marzo de 1919 llegaron a ese establecimiento sólo 1088 placas de “monumentos arqueológicos del sur de la república y de tipos etnológicos”, de gran utilidad para el estudio de esa región del país. Aún más extraño resulta que, para 1923, la institución solo daba cuenta de 654 placas fotográficas, las cuales fueron prestadas por instrucción presidencial para su reproducción, sin que en los archivos haya constancia de su devolución.

En contraparte, el Instituto Ibero-Americano de Berlín (IAI), conserva miles de piezas de objetos fotográficos de Maler. Un personaje clave en esta historia es Johan Clasing, albacea de Maler y representante del cónsul austrohúngaro en Mérida, quien en 1927 vendió una considerable cantidad de objetos y fotografías de Maler a Hermann Hagen, quien reunió los fondos iniciales de lo que hoy es el IAI.

Actualmente, la Fototeca Nacional de México resguarda la mayor parte del material fotográfico proveniente de las dependencias que conforman el Instituto Nacional de Antropología e Historia, entre ellas lo que fue el Museo Nacional. Según el catálogo de la Fototeca, se contabilizan apenas 300 objetos fotográficos atribuidos a Maler, cifra que contrasta con los registros de ingreso al Museo Nacional y con los miles que se conservan en Berlín. Lo anterior plantea interrogantes: ¿por qué solo llegaron 1088 placas al Museo Nacional? ¿de dónde salieron las fotos vendidas en 1927? ¿dónde quedó la colección original entregada al Museo Nacional?

El legado fotográfico de Teoberto Maler, concebido por él como un patrimonio científico para México, terminó fragmentado entre instituciones y colecciones privadas. Más de un siglo después, la falta de claridad sobre sus diversos destinos revela los intereses comerciales y el prestigio que los objetos científicos dan a sus poseedores, los cuales no son ajenos a la historia de la circulación que condiciona la generación de saberes. El misterio persiste, y con él la necesidad de reconstruir la historia de estos objetos fotográficos para explicar procesos de mayor alcance.

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