por Marcos Olaf Bravo Becerra
El 12 de octubre se conmemora lo que comúnmente es conocido como “Día de la raza” ya que fue en esa fecha del año 1492 cuando Cristóbal Colón arribó a las tierras que fueron llamadas americanas. Este suceso inició un sinfín de choques culturales que perduran hasta nuestros días. A lo largo de la historia de México la relación que se ha mantenido con las culturas y sociedades europeas, ha sido compleja. Un ejemplo muy significante es la poesía.
Desde tiempos prehispánicos ya había cierta tradición poética que se difundía de boca en boca a manera de cantos y que tenía una estrecha relación con el mundo natural. Muchos de estos elementos de una u otra forma perduraron en la sociedad novohispana adaptados a la forma de escritura, el idioma y las tradiciones europeas que se impusieron en el territorio. No es coincidencia por ello que “Primero sueño” de Sor Juana Inés de la Cruz, publicado en 1692, haga un acercamiento estético a través del sueño al mundo natural que rodeaba a la autora.
En el México independiente de la segunda mitad del siglo XIX tuvo lugar la corriente literaria conocida como romanticismo mexicano el cual, inspirado en el romanticismo francés, pretendía alejarse de las tradiciones poéticas coloniales legadas de la Antigüedad clásica. Esto significó explorar y mezclar elementos con los que los nuevos lectores y literatos de México pudieran identificarse. Un ejemplo es el poema “A la patria” escrito por Manuel Acuña y recitado en septiembre de 1873, en él se puede notar el rechazo a la época colonial, frente a la nación mexicana a la que exalta y dice amar.
Durante la primera mitad del siglo XX ocurrió otro arribo europeo a tierras americanas, pero esta vez fue en circunstancias totalmente distintas, me refiero a los refugiados de la Guerra Civil Española. Desde 1939 comenzó la llegada masiva de españoles a México, se calcula que 25 mil exiliados llegaron al país, entre los que destacan intelectuales y artistas. En el ámbito de las letras sobresalen principalmente poetas influenciados por las llamadas “Generación del 27” y “Generación del 36” tales como José Moreno Villa, Tomás Segovia y María Zambrano, cuya producción literaria en México resulta ligada a la guerra y la situación de su país azotado por el fascismo.
La relevancia española de los intelectuales en México como profesores y académicos, dio paso a una producción literaria mexicana influenciada por ellos. Hay elementos que pueden encontrarse en varias publicaciones mexicanas de los años cincuenta, especialmente en autores como Juan Rulfo, José Revueltas o Rosario Castellanos, en los que identificamos una crítica a la vida urbana frente a las ventajas del campo. Se abre paso a una corriente literaria, política y social conocida como neoindigenismo, que pone atención en las problemáticas indígenas del momento.
Podemos ver cómo los choques en el ámbito de las letras entre el mundo hispánico y tierras mexicanas ha cambiado a través del tiempo, mientras que en la época novohispana era una producción que rechazaba las prácticas poéticas indígenas, no dejaba de estar influenciada por el territorio natural. En el México decimonónico se pretendía alejar del estilo clásico mientras rescataban y valoraban las situaciones comunes del mexicano. Para el siglo XX, las tradiciones poéticas europeas vuelven a hacerse presentes, pero esta vez convergiendo e influyendo en la producción literaria nacional y acercándola al mundo rural desde una perspectiva emocional decepcionada de las grandes urbes. Actualmente las tradiciones poéticas tanto mexicanas como europeas siguen chocando y confluyendo en los nuevos literatos del siglo XXI, está por verse qué nuevas miradas pueden ofrecernos y qué tanto rescatan de los estilos europeos que encaje en el horizonte actual del país.
