Historia global del fascismo, ¿mundos extraños o afines?

Segunda parte

por Octavio Spindola Zago

Abrevando del giro trasnacional, a los 16 capítulos que integran el libro Repensar el fascismo en México en el espacio latinoamericano y transatlántico, los anima renovar el estudio del fascismo en América Latina sin las ataduras del nacionalismo metodológico ni de la función legitimadora de arengas identitarias. Trascendiendo los lugares comunes, las plumas que se dieron cita para esta empresa colectiva exploramos algunos de los efectos que en América Latina tuvieron la Italia del Ventennio, el III Reich y otras autocracias fascistizadas durante la “era del fascismo”. Por ejemplo, las recepciones y transferencias del fascismo “clásico” en la política y la sociedad mexicanas; la atracción que algunos intelectuales latinoamericanos sintieron por el modernismo fascista; o la presencia de una “cultura fascista” en las representaciones sociales y los imaginarios colectivos de la región más allá de 1945.

Proponemos repensar al fascismo en tres aristas. Primero, como un régimen político que modernizó las estructuras productivas de Italia y erigió una dictadura moderna, al utilizar el potencial de las novedades tecnológicas para implantar en el territorio una nacionalización de masas a través de una revolución desde arriba. Además, desde un cariz autoritario, concibió a la sociedad como un ente orgánico constituido corporativamente.

Segundo, como movimiento revolucionario que brotó en el campo de izquierdas, pero, en su crítica a la democracia liberal y el comunismo, hizo suyos ciertos legados del pensamiento de derechas decimonónico. Y tercero, como una religión política que combinó elementos míticos y rituales (liderazgo mesiánico, sacralización de la violencia, estetización de la política) con mecanismos institucionales seculares (partido político, legislación, organismos jurisdiccionales) para crear un “nuevo hombre” y rehacer el orden mundial basándose en su “imperialismo proletario”.

Siguiendo a Berezin en Making the Fascist Self: The Political Culture of Interwar Italy (1997) consideramos que los fascistas en Italia construyeron conscientemente una “nueva cultura política”, lejos de anular la política en sí. Y esta nueva cultura era esencialmente antiliberal y anticomunista. Elemento que exploramos en el libro para explicar las interconexiones y traducciones del fascismo entre Europa y Latinoamérica en el periodo entreguerras.

Es necesario tomar en cuenta el riesgo que se corre si expandimos las variaciones a considerar como parte de un mismo objeto de estudio, incrementando las variables, la temporalidad y el alcance geográfico que lo constituyen, sin pasar por algún tamiz analítico. El resultado es que una categoría que debería tener claros sus límites conceptuales para fines operacionalizables, ahora puede abarcar todo lo que haya ocurrido en dentro de un arco cronológico y de un polígono espacial, y no explicar nada. Para evitar eso, con el giro trasnacional no se busca “echar más cosas en la caja”, sino de plantearnos preguntas distintas.

La historia global no se trata de un agregado de casos individuales más que de la observación de las relaciones que integran unidades discretas en un mismo fenómeno epocal que tiene alcance trasnacional en sus fundamentos, conexiones y resonancias. Esto no justifica “la disolución de las especificidades locales, reduciéndolas a meras manifestaciones de fuerzas trasnacionales abstractas” ni “la formulación de generalizaciones resbalosas basadas solo en unos cuantos casos emblemáticos”. El desafío es pensar a través de las relaciones entre lo local y lo global sin subsumir uno en el otro (Mohandesi, «Thinking the Global Sixties”, 2022).

Para distinguir lo que es común de lo que es particular, el concepto de “fascismo trasnacional” presente en los capítulos permite producir generalizaciones y, simultáneamente, explicar variaciones locales dentro de la dialéctica entre la extrañeza y la afinidad; ya sea que estudiemos una colonia italiana en Puebla, la Acción Integralista Brasileña, el ideario del Dr. Atl, algunas publicaciones conservadoras o el rock y sus subgéneros.

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