por María Martí Rodríguez
“El archivo completo es mitológico, posible solo en teoría; en algún lugar de la Biblioteca Total de Jorge Luis Borges, quizás, enterrado bajo la historia detallada del futuro y sus sueños”, apuntó C. M. Machado en «Hablo en el silencio. Tiro la piedra de mi historia en una grieta inmensa; mido el vacío por su pequeño sonido”.
El caso de la historia queer se pierde en la narrativa de la heteronormatividad. Al hablar de esta, nos encontramos con el silencio, la falta de testimonios y la dificultad de hacer historia de la experiencia personal. La homosexualidad en el pasado es poco frecuente y a menudo se ignora activamente para no «ajustar los términos del presente a las realidades del pasado». En un mundo donde la heterosexualidad se asume como norma, las relaciones románticas se consideran heterosexuales por defecto y se etiquetan como fraternales si son del mismo sexo.
Hay pocos registros explícitos de relaciones homosexuales que no se interpreten como amistades. La mayoría se encuentra en cartas o diarios, reservando este testimonio para los ricos y capaces. Esto se conoce como «violencia del archivo» o «silencio archivístico». Michel Foucault habla de la dominación de una narrativa sexual y quiénes tienen autoridad para hablar de ella en Historia de la sexualidad.
El presentismo nos muestra cómo la sexualidad y el género se discuten hoy en día y se trabaja hacia la normalización. Los términos relacionados con la identidad de género y la orientación sexual han evolucionado con el tiempo, y el pasado utiliza diferentes categorías y definiciones así como sexo biológico, identidad de género, expresión de género, orientación sexual y orientación romántica. El vocabulario en este tema ha cambiado indefinidamente, empezando por los términos homo y heterosexual que aparecieron en el siglo XIX por lo que su búsqueda en el pasado requiere otras palabras que entendían o encapsulaban las cosas de otra manera. Algunas culturas entendían incluso el sexo biológico de manera diferente.
En la antigua Grecia, se consideraba normal que un hombre mayor tuviera relaciones con un joven. La homosexualidad masculina se veía de manera positiva, mientras que la femenina rara vez se discutía como imposible dada la carencia de “penetración” y la idea falocentrica de lo que define una relación sexual, pero fuera de ello, un ejemplo común de la relación amorosa entre mujeres es Safo de Lesbos. En la Edad Media, aparece la sodomía como un concepto jurídico y religioso con consecuencias graves. Se encontraban acusaciones de sodomía en comunidades como los templarios y los cátaros. La ley estatal era más dura que la inquisitorial y solía centrarse en víctimas que ya tuvieran una desventaja social, desde por raza o nacionalidad hasta por poder económico. Por otro lado, las relaciones entre mujeres eran menos comunes según el público debido a la percepción de la debilidad femenina, un ejemplo grande es la cantidad de casos mencionados en conventos de monjas, desde Hildegarda de Bingen hasta nuestra Sor Juana Inés de la Cruz en sus poemas a la Virreina. Las prácticas lesbianas se castigaban como lujuria en lugar de actos sexuales. El islam medieval trataba el lesbianismo como una dolencia física.
En conclusión, no hay una experiencia queer única en el pasado ni en el presente. Este ensayo busca dar relevancia histórica a la experiencia queer, visibilidad a una minoría y representación a aquellos que buscan validación en el pasado y luchan por la normalización de la experiencia queer y tiene como fin llevar a la más amplia consideración de lo queer en el pasado como algo común.
