Los usos públicos de la historia

El monumento del Bicentenario (Tucumán, 2016)

Parte 2

por Tamara Judith Yedlin

La decisión de construir un monumento en el contexto de los festejos del Bicentenario de la Independencia (2016) implica preguntarse por las intervenciones en el espacio público que despliega el poder político, las que inciden en las disputas simbólicas en torno al sentido de la conmemoración y sus proyecciones en el tiempo presente. El monumento del Bicentenario, encargado por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, bajo la gestión del intendente Germán Alfaro, fue uno de los eventos que mejor sintetizó los usos públicos del pasado por este nivel de gobierno. Inaugurado el 7 de julio de 2016, el objetivo de su erección era instituir una imagen que identificara a la ciudad de San Miguel de Tucumán, al tiempo que reconocer y rendir homenaje a los congresales de 1816. Diseñado por los arquitectos Miguel Antonio Mazzeo y Juan Damián Bustamante, el monumento procuró alentar los valores de libertad y progreso, y encarnar la noción de austeridad y futurismo que el gobierno municipal reivindicaba en consonancia con el gobierno nacional.

El monumento está compuesto por dos columnas de hormigón con un sol de acero inoxidable en su centro, una fuente de agua a sus pies, y esculturas representativas de las “rotas cadenas”, frase ícono del himno nacional argentino. Los diseñadores del monumento explicaron que la obra “refleja la Independencia de nuestro país como símbolo de libertad”, ya que representa “una bandera argentina de 25 metros de alto, vertical, como el camino que nos impulsa hacia arriba a superarnos”. Las dos cintas de hormigón tienen una forma ondulada, que representa el movimiento de la historia, “el concepto de movimiento se acentúa con la fuente de agua en la base del monumento”. Al referirse a la elección del material, además de ser un “material noble, apto para garantizar su resistencia a las condiciones climáticas de la región” (como exigieron las bases del concurso), se buscó construir una edificación austera. “Somos un pueblo austero, al menos, en este momento. No podemos intentar mostrar algo que no somos, porque esto es un testimonio de un momento histórico. El hormigón crudo, la simpleza de las formas, hablan de la austeridad”.

Estas nociones expresaron las premisas centrales del discurso pregonado por el Frente Cambiemos, liderado por el presidente de la nación Mauricio Macri. Especialmente la noción de austeridad, que se esgrimió como una crítica implícita a sus adversarios políticos, encarnados en la gestión presidencial de su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner. La orientación futurista recuperó la apuesta por el progreso como parte de un objetivo que pretendía distanciarse del pasado. Esta postura fue sintetizada por el filósofo y asesor presidencial, Alejandro Rozitchner, quien remarcó que el pasado debe ser dejado de lado para enfocarnos en el futuro. Expresó: “La identidad de un país no es su pasado, es su movimiento de desarrollo, igual que en las personas.(…) El único tiempo real es el presente, lo orienta el futuro y no el pasado. La Argentina debe desafiar al credo melancólico.”

Recapitulando, este, como muchos otros monumentos conmemorativos, constituye un mirador para reflexionar sobre las representaciones del pasado y sus usos públicos. Podemos decir que los monumentos son íconos que contribuyen a fijar el significado de la celebración, a representar visualmente una interpretación del pasado pero, sobre todo, buscan imponer sentidos sobre el tiempo presente.

Figura 1: Imágenes recuperadas de las notas tituladas “El Bicentenario de la Independencia tendrá su monumento”, de la página web de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, 29 de enero y 1 de febrero 2016.

Figura 2: Municipalidad de San Miguel de Tucumán, “El monumento, símbolo de unión en Tucumán”, El Bicentenario de la Independencia en la Ciudad Histórica, (San Miguel de Tucumán: Editorial Ciudad Histórica, 2017): 104

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