Tras la pista de impresos evangelistas y protestantes en el México del siglo XIX

por Alicia Salmerón

Explorar la historia de la circulación de impresos –de su traducción, a veces, así como de su impresión y distribución–, y de la manera en que fueron recibidos, leídos y discutidos constituye una auténtica aventura. Más aún si en ese seguimiento se exploran los movimientos de quienes los redactaron y leyeron, y se rastrea su lugar en la colosal tarea de construir una nueva nación, la gran empresa del México del siglo XIX.

Esta ha sido la aventura emprendida por Gabriela Díaz Patiño, en Circulación y lectura de impresos evangélicos y protestantes en el México del siglo XIX (edición CEID/Nun, 2024), al seguir la pista de un tipo de publicaciones muy particular: biblias, revistas y periódicos evangélicos y protestantes en el primer siglo de vida del México independiente. La autora indagó cómo esta literatura religiosa comenzó a ingresar al país y luego a editarse en México, en una nación en proceso de construcción, con un Estado que tuvo al catolicismo como religión oficial hasta mediados del siglo y que obligaba a que toda publicación que tocara al dogma católico pasara por un proceso de censura previo. Reconstruyó igualmente las redes de distribución de este tipo de literatura, identificó grupos sociales –intelectuales y políticos católicos liberales, luego reformistas radicales– que la recibieron con entusiasmo, así como resistencias feroces y debates suscitados en una combativa prensa militante.

El libro de Díaz Patiño se aproxima a este tipo de publicaciones desde los últimos años novohispanos, cuando asomos reformistas en materia religiosa permitieron una cierta apertura a ideas evangélicas, como las de la importancia del contacto directo de los fieles con los textos bíblicos. Muestra entonces cómo comenzaron a circular en el virreinato las primeras traducciones castellanas de biblias evangélicas. Pero el estudio se centra, de manera principal, en un par de momentos del México del XIX, momentos de impulsos reformistas que acabaron por levantar un Estado laico en donde hubo primero uno confesional; también por “recomponer” la vida social, cultural y religiosa de la nación, al abrir espacios que permitieron la aparición de movimientos evangélicos, iglesias protestantes y alguna iglesia mexicana distante de la Santa Sede.

El primero de estos movimientos –cuya identificación constituye uno de los hallazgos de este libro– inició en los primeros años del México independiente, en el marco de la apertura de la nueva nación a los intercambios comerciales y culturales con el mundo occidental y al influjo del Segundo Avivamiento o resurgimiento cristiano –corriente religiosa que promovió un renovado fervor espiritual, surgido en el mundo anglosajón protestante desde fines del siglo XVIII­. El segundo movimiento evangelista y protestante en México surgió tras la Reforma y la consolidación de un régimen político liberal, ya indiscutiblemente secular, hacia finales de la década de 1860, el cual dio nuevo impulso al movimiento y facilitó una mayor relación entre protestantes nacionales y extranjeros.

El estudio de Díaz Patiño permite mirar el siglo XIX mexicano, pensarlo, en términos más plurales, complejos y conflictivos de los que ya teníamos noticia. Más plural en términos culturales, por ejemplo, por el signo y alcances de los intercambios y de la producción de los impresos de los que da cuenta, así como por las redes de distribución tejidas para hacerlos circular en el país. También más complejo, desde la consideración de las ideas en juego, pues convivieron y, con frecuencia, convergieron, evangelismos y reformismos; protestantismos y liberalismos. Y ciertamente como un siglo más conflictivo, en razón de los aguerridos debates suscitados por el arribo y edición local de literatura evangélica y protestante, así como los cismas religiosos animados por diferencias doctrinarias y políticas.

El libro de Gabriela Díaz Patiño nos ofrece una rica historia de publicaciones evangelistas y protestantes, así como de las vicisitudes de la expansión de sus credos e iglesias en el país. Y de manera muy importante, del significado que la circulación de este tipo de impresos tuvo en los procesos culturales, sociales, ideológicos y políticos del hacer nación en el XIX mexicano.

1 comentario

  1. Alicia Salmeron: tu reseña invita a sumergirse en esta lectura, de un tema interesante tanto como desconocido. felicitaciones a la autora de esta obra.

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