La compraventa de periódicos políticos en Aguascalientes en la segunda mitad del siglo XIX
por Francisco Javier Delgado Aguilar
¿Cómo se vendían y compraban los periódicos políticos en Aguascalientes durante la segunda mitad del siglo XIX? Aunque la pregunta pueda parecer ociosa o superficial, tratar de responderla permite comenzar a conocer la forma en que autoridades y actores políticos se relacionaban para comunicarse e influir en diversas esferas de la vida pública, principalmente en la actividad electoral. Un caso útil que aporta información sobre este tema es el de la capital de Aguascalientes, que al igual que muchas otras ciudades de México, generaba y recibía una buena cantidad de periódicos que se leían, comentaban y discutían públicamente.
Uno de los conductos más comunes y publicitados para la venta de periódicos era el de las suscripciones. Con frecuencia los periódicos incluían, después del título y un lema que describía su orientación ideológica, las llamadas “condiciones de suscripción”: el día en que se publicaba, el precio de cada ejemplar o el de la suscripción (que solía ser mensual) y el costo extra que se debía cubrir para recibir la publicación fuera de la capital. En cada cabecera municipal había representantes que recibían el dinero de las suscripciones y (suponemos) repartían el periódico cuando llegaba a su destino.
Además de la suscripción, existía la posibilidad de adquirir número sueltos, acudiendo al taller en el que se imprimía el periódico o a algún local comercial. El Patriota, periódico oficial de Aguascalientes durante la guerra de 1847, se podía adquirir en el portal de Hidalgo ubicado en el Parián, “en la alacena junto a la botica”.
Así, talleres de imprenta y expendios comerciales se convertían en centros de reunión donde seguramente se leían, comentaban y discutían las noticias y novedades políticas del momento y en más de algún caso fueron el inicio de clubes y asociaciones políticas. A fines de la década de 1850, duranta la Guerra de Reforma, el taller de imprenta de José María Chávez era la sede de reuniones político-literarias que se convirtieron en clubes políticos liberales.
Muchos periódicos de la época solo indicaban el precio de cada ejemplar. Algunos eran periódicos satíricos o electorales, que se caracterizaban por su corta vida y que recurrían a repartidores para su distribución. El Recalcitrante, (1873), sólo indicaba su valor (un octavo), mientras que El Eco del Trabajo (1878) anunciaba que saldría a luz semanalmente y valdría tres centavos. Por su parte, Plutón, Órgano oficial del feudalismo infernal (1888), sólo anunciaba su precio: un centavo.
El recurso de los repartidores de periódicos o voceadores fue bastante común y problemático en la ciudad de Aguascalientes, por lo menos durante la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, el reglamento de policía que regía en la capital hacia 1888 prohibía a los vendedores pregonar en voz alta el contenido de los periódicos y sólo permitía anunciar el título de la publicación y el número correspondiente.
No resulta extraño entonces, que El Fandango, periódico satírico que comenzó a publicarse en 1887, rehusara el “canto de los pregoneros” para no lastimar el oído de sus lectores, a quienes aseguraba que la publicación no se anunciaría “con esa voz altisonante con que se anuncian otras publicaciones”, pues buscarían establecer depósitos de venta en distintos puntos de la ciudad.
Según una nota aparecida en septiembre de 1894 en El Eco Social, el origen de la medida se remontaba a 1877, cuando con motivo de las elecciones para gobernador, la prensa política local se exaltó a tal grado que el jefe político de la capital prohibió terminantemente “que los voceadores pregonaran las noticias más calumniantes o sensacionales”.
Así, existían diversas opciones para comprar un periódico y mantenerse informado: pagar una suscripción, comprar el ejemplar en la imprenta o en algún local comercial o salir a la calle al encuentro de los voceadores que gritaban sin empacho las noticias más escandalosas. En cualquier caso, vender y adquirir un ejemplar implicaba establecer o reforzar vínculos y relaciones sociales que enriquecían la vida política y la opinión pública.
