Lo que no sabíamos de la Orquesta Típica Zacatecana de Señoritas

Una aproximación desde la literatura

por Sonia Medrano Ruiz

Una carta del literato Luis G. Ledesma dirigida a su amigo periodista del Diario del Hogar y publicada el 3 de septiembre de 1892, responde a nuevas preguntas acerca de la organización que representó a México en la Exposición Colombina de Chicago en 1893, ¿Cuál era la procedencia de la Orquesta Típica Zacatecana de Señoritas? Si era una orquesta independiente, ¿Quiénes eran sus mecenas? Y ¿Cómo la organizaron? El vate nos lleva al interior mismo de la salita en donde ensayaban y dijo que surgió por iniciativa de tres personajes: el conocido Genaro Codina, autor de la Marcha Zacatecas, en asociación con los hermanos Primitivo y Eliseo Calero. Ellos eligieron a las niñas con mayores cualidades para la música y no tuvieron más que la humilde casa con su incómodo mobiliario, para acomodar estrechamente a las 18 muchachitas que la conformaban. Habló del instrumental, bandolones, salterios, violines, violoncellos, guitarras y flauta, diciendo que era de factura corriente y no daba las voces que requerían, inclusive aseguró que el arpa no era del grupo, sino que Juan Curti prestó la suya que era de concierto, como premio a los adelantos y empeño con el que tocaban las pequeñas filarmónicas.

     El mecenazgo salió a relucir cuando afirmó que el gobernador Jesús Aréchiga compró ropa y zapatos a cada una de las integrantes y además para esa fecha, ya se había comprometido a dotarlas de nuevos instrumentos. Asimismo, dejó sus impresiones acerca de la presencia femenina en los escenarios y se lamentaba de que la mujer pobre y artista fuese desdeñada. De hecho confesó asistir al ensayo por la insistencia de Codina y no por convicción, porque sabía que ellas procedían de la clase baja y se había hecho a la idea de que solo escucharía sonatas vulgares. En lo particular considero qué hacer pública la misiva en un diario de circulación nacional, tenía como verdadero propósito destacar las virtudes del arduo trabajo de la orquesta y de sus dirigentes, y a pesar de que las señoritas dedicaban a la música el poco tiempo libre que su labores domésticas les permitían, permaneció anonadado escuchando música europea y composiciones de Genaro y expresó “no daba crédito a mis oídos, me hacía violencia para convencerme de que aquellas señoritas eran las que de una manera uniforme, correcta y unísona…no discrepaban un ápice ni en tiempo ni en tono, con los demás instrumentos y todos ellos formaban un conjunto positivamente admirable”. Por lo anterior y contrario a la creencia de “la mujer de antes estaba en su casa y zurciendo calcetines” constatamos que no hubo limitantes para el desarrollo e incorporación femenina al quehacer musical, hecho tangible en esa orquesta que supo capitalizar las oportunidades que recibió.

     El libro Las Orquestas Típicas en México. De la invención a la consolidación de una tradición (2021) que culminé recientemente, posee aún líneas abiertas y es sólo un primer acercamiento y una perspectiva sobre ese tema que nos ayuda a extender la mirada para descubrir por qué esa extraña orquesta que nació en el seno del Conservatorio Nacional en 1884 y fue bautizada por el mismísimo Porfirio Díaz —y la prensa en su momento calificó más de atípica que de típica—, se convirtió en un grupo tradicional que resguarda y promueve como ninguna otra, nuestro Patrimonio Musical Mexicano. En Zacatecas, gracias a la suma de voluntades, la Orquesta Típica Zacatecana de Señoritas logró trascender las fronteras nacionales como embajadora de la mujer en el arte mexicano.

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