1973 y 1968: dos derrotas

por Andrea Torrealba

Este año se cumplen 50 años del golpe de Estado en Chile, en su momento fue un evento que impactó al mundo; hoy seguimos recordando melancólicamente el fin del gobierno de Allende. Cinco años antes del bombardeo a la Moneda, tanques soviéticos invadieron Praga para detener la propuesta del socialismo democrático que había florecido en la Primavera checoslovaca.

Desde nuestro lugar latinoamericano la caída del gobierno de Alexander Dubček resulta más ajeno que el caso chileno, aún así, forma parte del cúmulo de situaciones donde las utopías de izquierda fueron derrotadas. Ambos eventos, separados en el tiempo –uno en 1973 y otro en 1968– comparten un mismo final: aquel que nos recuerda la imposibilidad de construir un mundo socialista y democrático.

La Unidad Popular, una alianza partidista que contenía en sus filas a partidos progresistas chilenos que se vinculaban por su postura antiliberal y anticonservadora, pero que diferían en la teoría y en la práctica política, ganó las elecciones en septiembre de 1970. Su candidato a la presidencia fue el Salvador Allende, socialista y ampliamente reconocido por todas las ramas de la alianza partidista. Durante su gobierno se impulsaron reformas sociales y económicas para combatir la desigualdad, el extractivismo y la explotación laboral. A su vez, se propusieron cambios políticos para la ampliación de las garantías democráticas y la organización popular.

“El socialismo con rostro humano” fue la propuesta que llevó a cabo Alexander Dubcek durante su gobierno en Checoslovaquia. El propósito fue configurar nuevas dinámicas políticas y repensar el socialismo a partir de la incorporación de prácticas democráticas en la política oficial. Apoyado por grupos de jóvenes, estudiantes, artistas, economistas, intelectuales, políticos y trabajadores impulsó reformas económicas para el mejoramiento de la calidad de vida, la liberalización de la prensa y la reparación de los vínculos entre checos y eslovacos. Además, reafirmó la importancia del socialismo y defendió su lugar dentro del Pacto de Varsovia.

“La vía chilena al socialismo” y “el socialismo con rostro humano” fueron dos propuestas que buscaron caminos para construir un régimen político, social y económico socialista. Ambos ejercicios fueron conscientes de la importancia de conjuntar el socialismo con la democracia; reafirmando su carácter democrático –el primero– y socialista –el segundo. Sin embargo, en el contexto de la Guerra Fría sus posturas no fueron bien recibidas por las potencias geopolíticas que controlaban los espacios donde se desarrollaban.

Las élites económicas y políticas que no estaban de acuerdo con la “popularización” de la democracia chilena y el intervensionismo estadounidense organizaron un boicot económico para desestabilizar la economía; después, apoyaron al movimiento militar que asesinó el proyecto allendista e instaló un régimen contrainsurgente y antidemocrático. La utopía de construir una sociedad más igualitaria y democrática fue derrotada por el imperialismo yanki.

Los grupos tradicionales y autoritarios del gobierno soviético, con el apoyo de los países del Pacto de Varsovia y liderados por la política autoritaria del dirigente soviético, Leonid Brezhnev, dirigieron la invasión a Praga y dejaron al gobierno de Alexander Dubček sin rostro. La persecución a los movimientos sociales en la resistencia y el control soviético sobre la política nacional fueron las consecuencias de aquel 21 de agosto. La utopía de construir una sociedad más igualitaria y democrática fue derrotada por el imperialismo soviético.

Este año recordamos los cincuenta años del Golpe en Chile; este evento evoca otros momentos donde la historia pudo haber sido diferente, como en Checoslovaquia. Sólo nos quedan restos de esas utopías.

1 comentario

  1. Excelente y muy bonita reflexión. Aunque sería interesante debatir si es válido aplicar la categoría de «imperialismo» – ¿es la definición marxista? – al sistema soviético, ya que creo era bastante diferente al sistema económico-político de las potencias occidentales, y sus razones para intervenir en otros países no eran idénticas a las que estas tenían. Saludos.

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