por Alexander Gutiérrez Becker
El México del siglo XIX vivió décadas de intensos debates en torno a la forma de gobierno que convenía adoptar a la nación tras su separación de España. Entre los conflictos más fuertes que tuvieron lugar en esas décadas estuvieron los provocados por la definición de la relación que debían tener la Iglesia Católica y el Estado. Hacia mediados del siglo, esos conflictos desembocaron en una guerra civil: la Guerra de Reforma (1857-1861). Se enfrentaron entonces los partidos liberal y conservador. El general Miguel Miramón fue uno de los personajes más destacados del partido conservador en esos años: fue general en jefe de las fuerzas militares conservadoras y presidente de México de 1859 a 1861.
La prensa periódica de la época formó bandos en favor de uno u otro partido. La conservadora comentó y aplaudió las acciones militares de Miguel Miramón y las que emprendió como presidente del país. Asimismo, en las zonas bajo el gobierno conservador, se publicaron folletos y hojas volantes con himnos y poesías que celebraban las hazañas de Miramón. Cantos y versos impresos, muy posiblemente transmitidos de manera oral, circularon en las calles de la ciudad de México y de otras ciudades del país, como Guanajuato. Eran decires que describían al hombre y su momento tal como sus autores lo veían y querían que fuera visto.
Fue así, por ejemplo, que cercanos a una batalla importante que había tenido lugar en Ahualulco, San Luis Potosí, a finales de septiembre de 1858, circularon los siguientes versos de enaltecimiento de Miramón. Aplaudían al general por haber enfrentado al bloque liberal en defensa de la Iglesia y la religión:
Gloria y honor al inmortal guerrero,
A Miramón cuya invencible espada
Supo humillar el atrevido acero
Del que impugnó la religión sagrada.
Estos versos glorificaban Miramón, de alguna manera reconocían no sólo sus méritos militares, “como guerrero”, sino que lo mostraban como justiciero, capaz de representar la voluntad de los católicos que hacían frente a Benito Juárez, cabeza del partido liberal, y a las Leyes de Reforma que apartaban a la Iglesia de la vida política en favor de un Estado secular. Miramón aparecía en esos versos casi como un cruzado, como instrumento de la justicia Divina.
Para marzo de 1859, cuando Miguel Miramón, como general-presidente, proyectaba la campaña para tomar Veracruz por mar y por tierra, circularon más versos que lo celebraban como mandatario y como general. Alguno decía, por ejemplo:
Miramón será inmortal
En toda tierra caliente,
De México presidente
Y general de la mar.
Con cantos como estos se afirmaba que la victoria de Miramón, la que le asegurara la ocupación de “las tierras calientes” de Veracruz, sería tan trascendental que haría que su figura se conservara por siempre en la memoria de la gente –que se volviera “inmortal”.
Las acciones de Miramón fueron celebradas con himnos y poesías que pudieron haber circulado entre sectores populares en algunas regiones del país, sobre las que los conservadores tenían control. Desconocemos quiénes las habrán escrito, pero la versificación facilita el aprendizaje memorístico y sugiere la posibilidad de que hayan sido recitados y cantados, y transmitidos así una y otra vez en diferentes espacios, incluidas las calles, tabernas y mercados.
Estos versos, entre muchos otros de los que hay testimonio, proyectaban una imagen de Miramón construida por sus seguidores y, posiblemente, con impacto en sectores populares de la región dominada por los conservadores. Las rimas buscaban presentar sus actos en batalla como una lucha que trascendía lo material, para buscar el triunfo del reinado de Cristo, para devolver a la Iglesia su lugar en la vida pública y apuntalar a un gobierno respetuoso de la Iglesia y de su lugar en la sociedad. Miramón representaba en estos cantos la lucha entre el México católico y el México liberal radical. Los cantos y versos también manifestaban confianza en que, con Miramón, los objetivos conservadores se podrían alcanzar.
