Las conmemoraciones del bicentenario de la Independencia (Tucumán, 2016)
Parte 1
Por Tamara Judith Yedlin
Las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica constituyen observatorios privilegiados para pensar sobre los usos públicos de la historia. Estas celebraciones tuvieron lugar en 2016 en la norteña provincia de Tucumán (Argentina), especialmente en su capital, San Miguel de Tucumán, porque en ese espacio se reunió, en 1816, el Congreso que —el 9 de julio— declaró la Independencia de las Provincias Unidas. En estas fiestas se desplegaron y pusieron en tensión diversas interpretaciones del pasado que, impulsadas por distintos actores, alentaron imaginarios colectivos y procuraron legitimar proyectos políticos. Estas representaciones, alimentadas por las decisiones sobre qué se debe recordar, qué olvidar y cómo hacerlo, fueron espacios de debate, pujas y construcción de consensos que trascendieron el ámbito estrictamente académico y tuvieron lugar en la arena de la política y la opinión pública.
Así, en 2016, en San Miguel de Tucumán, tuvieron lugar disputas por imponer una lectura de la historia, las que tuvieron la clara intención de incidir en el tiempo presente. Estos eventos constituyen significativas plataformas desde las cuales analizar cómo las dirigencias gubernamentales buscaron construir narrativas históricas que les permitieran disputar los sentidos del presente y así refrendar sus proyectos políticos.
El contexto que rodeó a la efeméride también resulta significativo, ya que la misma ocurrió a menos de un año de trascurrir las elecciones presidenciales (a nivel nacional) y provinciales (por el cargo de gobernador). Tras las cuales, y en un contexto turbulento y cruzado por impugnaciones, los candidatos consagrados debieron reforzar sus niveles de adhesión. Así, desde el espacio liderado por el presidente de la nación, Mauricio Macri, se buscó impregnar la conmemoración con una orientación más futurista que conmemorativa, que caracterizó al Bicentenario como un punto de partida y limitó las referencias al acontecimiento histórico rememorado. En contraste, los funcionarios tucumanos resaltaron la importancia de la provincia en la historia nacional. Ello se observó, particularmente, en los modos de celebrar la gesta independentista pero también en la recuperación de ciertos procesos y figuras históricas. Por ejemplo, el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, repitió en numerosas ocasiones que él pertenecía a la Generación del Bicentenario para emparentar su trayectoria con la Generación del Centenario. La línea de continuidad y la referencia en espejo entre ambos momentos históricos, impulsó al gobernador a filiar su gestión con la política pública impulsada por la generación que promovió los festejos del Centenario de la Independencia (1916), la que creó la Universidad Nacional de Tucumán y la Estación Experimental Agrícola, instituciones clave para estimular el desarrollo agroindustrial azucarero tucumano.
De esta forma, las celebraciones, entre ellas las del Bicentenario, constituyen una puerta de entrada para vislumbrar las tensiones que construyen y dan sentido al relato histórico y se convierten en una herramienta para legitimar proyectos políticos, forjar identidades y moldear imaginarios colectivos.


