por Carlos Martín Briceño
Un buen cuento, señaló alguna vez Beatriz Espejo, es aquel “que permanece rebotando en el cerebro del lector durante mucho tiempo”.
Si tomamos como válida la afirmación anterior, puedo decir que el libro Cómo vivir sola después de los cuarenta de Ileana Garma Estrella, está integrado por un septeto de buenos cuentos, pues los días posteriores a su lectura, me resultó imposible sacarme sus imágenes de la cabeza.
Las brillantes larvas colgantes que anteceden a las crisálidas en que se convierten los niños pequeños en “No extraño nada”, aparecieron en mis sueños varias noches. El cuerpo de la protagonista de “La batalla” que “mostraba líneas irregulares protuberancias y cicatrices extrañas ”debido a los mordiscos que le propinan sus hijos, no pude eliminarlo con facilidad de mis pensamientos. Tampoco me fueron sencillas de olvidar las “extremidades blanquecinas y rugosas” del pequeño Ricardo, el niño utilizado como rata de laboratorio por su propia madre en “Olas verdes”.
Narradas con una pluma certera y sutil, las historias que componen Cómo vivir sola después de los cuarenta tratan de madres hartas de sus hijos, de mujeres que encuentran en la anormalidad una respuesta a su desesperación por terminar con su idílico papel en la familia.
“El hilo conductor es la maternidad, pero los cuentos hablan de la soledad, de lo difícil que es ser un ser humano profesional cuando tienes hijos, de las nuevas infancias y los nuevos retos, de lo complicado que es abordarlo desde toda la información que tenemos hoy”, dice la autora en una entrevista acerca de este volumen, ganador del Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2022.
¿Y cómo no estar de acuerdo con ella si a los que somos padres sus historias nos remiten de inmediato a la difícil etapa de crianza de nuestros hijos? Por ejemplo, Rogelio y Rubén López, los hermanos salvajes del cuento “Niños” constituyen una metáfora perfecta de lo que podría sucedernos de continuar con la moda de evitar reprender a los hijos “para no ocasionarles traumas”.
Narrado polifónicamente a través de voces ajenas a los padres, el relato da cuenta de cómo los consentidos hermanos López terminan internados en un centro de readaptación comunitaria para niños rebeldes, mientras sus desconcertados progenitores son juzgados por las autoridades.
No es casual que la mayoría de los cuentos tengan como protagonistas a mujeres solas, divorciadas o a punto de serlo. Esta condición es aprovechada por la autora para colocarlas en situaciones límite. El papel de sus personajes masculinos, por el contrario, es pasivo; a ellos les toca representar la normalidad en la relación de pareja.
Al término de la lectura, es fácil notar que la colección funciona como una unidad porque sus protagonistas son en realidad una misma: rara vez se les describe físicamente, todas tienen hijos, son profesionistas, aparentan ser seguras de sí mismas, pero están pasando por una severa crisis existencial.
Gracias a sus poderosas imágenes, originalidad y eficaz tratamiento de la problemática femenina en el siglo XXI, los relatos que conforman Cómo vivir sola después de los cuarenta funcionan como un escaparate psicológico de lo complejo que resulta para las mujeres de hoy asumir su rol de madres en la familia. Y confirman, además, a la yucateca Ileana Garma Estrella, como una narradora madura que, sin utilizar fórmulas ni trucos, avanza con paso firme por el sinuoso sendero del cuento en México.
