por Florencia Gutiérrez
Pensemos que estamos en 1940 y nos piden tomar una fotografía que sintetice las formas de trabajo vinculadas a la industria azucarera en el norte argentino. El desafío no sólo nos obligaría a mover el lente para descentrar la mirada de los ingenios, espacio laboral eminentemente masculino, sino que implicaría ampliar el foco. Esta acción nos permitiría reponer la diversidad de una comunidad laboral que desbordaba el espacio fabril e integraba a un conjunto de actores, entre ellas las mujeres, quienes desempeñaban múltiples trabajos, tanto en el casco urbano del pueblo azucarero como en los cañaverales.
Guiadas por esta inquietud debemos movernos hacia las inmediaciones de la fábrica, allí se ubicaba el chalet de los propietarios del ingenio, muy cerca de este se levantaban las casas destinadas al personal jerárquico y administrativo, luego estaban la de los empleados y más lejos el denominado “pueblo obrero”, es decir, las viviendas destinadas a las familias de los trabajadores permanentes (quienes trabajaban todo el año para el ingenio). En este compartido y jerarquizado espacio, las hijas, esposas y hermanas de los obreros se desempeñaron como empleadas domésticas, es decir, las mujeres desempeñaron múltiples servicios vinculados al cuidado y reproducción familiar, como limpiar, cocinar, coser, lavar y planchar ropa, así como cuidar a los/as niños/as. Pero el trabajo doméstico de excedía los ámbitos privados de la patronal y sus estrechos colaboradores para multiplicarse por un conjunto de espacios vinculados a las políticas asistencialistas empresariales: los hospitales y salas de primeros auxilios, las escuelas, los clubes deportivos, los comedores y ollas populares y, en algunos ingenios, también las capillas. Allí, las mujeres realizaban diversas labores domésticas que involucraban la limpieza de los locales, la preparación de la comida, así como el lavado, planchado y costura de las sábanas de los hospitales o la indumentaria de los equipos de fútbol. Las maestras, enfermeras y parteras también formaron parte de ese mundo laboral que, vinculado al asistencialismo empresarial, desbordada el espacio fabril.

En el ingenio, el único trabajo que requería de mano de obra femenina era el destinado a coser las bolsas de azúcar, inserción asociada a sus labores domésticas. En los cañaverales, durante los meses de la cosecha, extendidos entre mayo y octubre, el mundo laboral azucarero se complejizaba y ganaba número con el arribo de los peones temporarios. Los cosecheros llegaban en tren o en carros, acompañados de sus mujeres e hijos/as y cargando múltiples enseres domésticos y animales. El trabajo en los cañaverales involucraba a toda la familia porque la paga era a destajo, es decir, por cantidad de caña hachada, pelada y cargada sobre el carro. Sin embargo, el contrato laboral se realizaba con los hombres, situación que desdibujaba el trabajo de cientos de mujeres, niños y niñas bajo la figura del varón de la familia.
Así, a lo largo de décadas, el trabajo femenino fue una dimensión importante de la vida laboral en los pueblos azucareros, recuperar su protagonismo nos ayuda a repensar la experiencia de la clase azucarera más allá de los ingenios. Salir de las fábricas nos devuelve las múltiples formas y circuitos de trabajo que involucraron a las mujeres, nos permite devolverles su protagonismo a las empleadas domésticas, peladoras de caña, costureras, parteras, enfermeras y maestras y, por tanto, implica dejar de pensar el trabajo azucarero y la formación de clase como un universo exclusivamente fabril, asalariado y masculino. El desafío queda abierto y nos invita a seguir pensando cómo en un determinado momento una sociedad define lo que entiende por trabajo, interrogante que nos ayuda a explicar la disímil inserción de las mujeres en el mercado laboral y las desigualdades sociales derivadas de esa situación, ya sea en términos de remuneración, valoración social o acceso a regulaciones y derechos.

Quien desee conocer más de este tema puede leer: Florencia Gutiérrez: “Más allá del ingenio: mujeres que trabajan, defienden sus hogares y demandan por derechos (1943-1955)”, en Pita, Valeria y Debora D’Antonio (eds.): Historia de las mujeres en Argentina, Buenos Aires, Prometeo, 2023.
