Las mujeres y las normales rurales de la península de Yucatán, siglo XX

por Lorgio Cobá Noh

La Revolución Mexicana y la Constitución Mexicana de 1917 establecieron como un derecho de todas las mexicanas y los mexicanos la educación. Con la fundación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) inició un ambicioso proyecto educativo que buscó contribuir a la modernización del México posrevolucionario. Una de las preocupaciones fue llevar la educación hasta los rincones más apartados del país. La normales rurales y sus internados nacieron con la idea de formar a las maestras y los maestros para atender a estas comunidades consideradas en atraso.

La normatividad de la década de los veinte abrió las puertas de estas instituciones a las mujeres. Pronto las críticas vertidas sobre la presencia de las mujeres en los internados, producto de prejuicios de la época, condujo a modificar las reglas de las normales y sus internados, lo que llevó a cerrar estos espacios a las mujeres.

Tradicionalmente cuando se habla de la coeduación o educación mixta que tuvieron lugar en las normales rurales-internados se alude a las mujeres que ingresaron a ellas para formarse como maestras y se señala cómo entre sus muros se reprodujeron estereotipos de género al asignarles tareas “propias de su género” como lavar la ropa, clases de repostería, planchado, bordado, etc.

Las maestras egresadas de estas instituciones son fundamentales en las primeras experiencias de las normales y sus internados; pero si miramos a fondo podemos ubicar a una pluralidad de mujeres que rodearon a las normales y sus internados. Están aquellas que inspiraron a los maestros y las maestras a ingresar a la normal. Los testimonios orales de las ahora egresadas y los egresados revelan que existían un conjunto de maestras comunitarias que ofrecían servicios para apoyar a los niños de las comunidades en la iniciación de la lecto escritura; maestras que enseñaban la lecto-escritura a través de juegos y cantos. Estas mujeres quedaron grabadas en la memoria de los hombres y las mujeres de la comunidad, muchos de ellos ingresaron a la normales rurales de la península inspiradas por ellas.

Por otra parte, las madres de familia también son parte importante en la trayectoria de las y los normalistas. Como es de esperarse, en los registros de la SEP las madres de familia no aparecen como tutoras, sino el padre, y su oficio era el de labores domésticas o de su sexo. Los testimonios de las y los normalistas revelan que muchas de estas madres eran las jefas de familia y se hicieron cargo de la educación de sus hijas e hijos. En otros casos, a pesar de la presencia del padre, se convirtieron en protagonistas para que sus vástagos se formaran en las normales rurales.

La experiencia de la formación de las mujeres en las normales rurales llegó a su fin en la década de los cuarenta, cuando la normatividad les cerró las puertas. Sin embargo, en la normal rural de San Diego Tekax, en la península de Yucatán, existió una generación de diez mujeres que emplearon diferentes estrategias para ingresar a la normal como “externas”. Esta condición les impuso diferentes obstáculos, tales como levantarse más temprano para llegar al pase de lista, mientras que los varones en el internado lo hacían horas después. Trasladarse de su casa al internado dos veces al día para cumplir con las tareas de la asignatura de agricultura, programada en las tardes. No tener acceso a la biblioteca porque no podían permanecer en la institución en la tarde-noche, momento en que los varones acudían a ella y no participar de los procesos democráticos ni de asociación estudiantil y otros derechos de los que gozaban los varones.

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