La ópera italiana en el siglo XIX y los secretos de su financiamiento.

por Valentina Tovar Mota

Áurea Maya Alcántara, Ópera y gastos secretos. Su producción en México en la primera mitad del siglo XIX, México, Ediciones de Educación y Cultura, 2023.

El libro de la historiadora Áurea Maya, Ópera y gastos secretos. Su producción en la primera mitad del siglo XIX, es sin duda un trabajo que nos acerca como lectores, a la historia de la ópera italiana en la ciudad de México y a las negociaciones políticas que detrás del arte lírico se fraguaron, con el único fin de sostenerlo. De esta manera, la autora plantea que los distintos gobiernos de México (entre 1831 hasta 1857) arroparon un proyecto cultural/civilizatorio valioso en forma y fondo: el fomento de la ópera a través de tres compañías de ópera italiana. El libro de Maya documenta que tanto la compañía de Fillipo Gally, como la de Roca-Castellan, y la de Almicare Roncari, participaron en la escena teatral-musical, amparados por las distintas secretarias y ministerios del estado.

      Así pues, el trabajo de Maya es también un relato fascinante sobre un arte lírico demasiado caro, pero imprescindible por el hecho de servir como instrumento civilizatorio, en una sociedad que recién había sido emancipada por los insurgentes. En el libro se nos recuerda que los mismos políticos entusiastas de la ópera enfrentaron un contexto nada bondadoso, pues la población cargaba con una guerra sangrienta, un país empobrecido y endeudado hasta la médula, por ello, las contrataciones del teatro cantado comenzaron a generar una crítica mordaz en la prensa, pues se le consideró un arte frívolo y ostentoso para un país con tantos problemas económicos y sociales.

     Una de las vetas más significativas del libro Ópera y gastos secretos… es cuando la autora muestra los caminos secretos que condujeron al secretario de Relaciones, Lucas Alamán, al vicepresidente, Anastasio Bustamante, y a otros tantos políticos a sostener (pese a las pérdidas monetarias) en un primer momento, a la compañía de Fillipo Gally, contratada por el Teatro Principal de la ciudad de México. Lo mismo que la pasión se disipa una vez que los amantes comienzan a compartir cargas de cohabitación, la ópera italiana, al paso del tiempo, daba muestras de que, para mantener la pasión, sobre todo la de Alamán y su grupo, se debían de involucrar unas cargas financieras difíciles de sufragar, pero de ninguna manera imposibles de conseguir. Ya entrados en esa ilusión del romance, los gastos secretos se obtuvieron a través de las partidas extraordinarias del ministerio de Relaciones y, cuando de ahí se agotaron, se recurrió a los gastos secretos de la secretaría de Hacienda. ¿Por qué se tenía que recurrir a dichos gastos? Maya relata con sumo detalle, a partir de varias fuentes documentales, lo poco rentable que era sostener las temporadas de la compañía italiana, mes con mes, pues esto requería reponer las pérdidas de las entradas al teatro, cubrir la nómina de la compañía, el pago de los barítonos, sopranos y tenores, del director de coros y del director de orquestas, además del vestuario que debía de ser cambiado respecto a las obras representadas, así como los instrumentos adquiridos para el ensayo musical de los artistas.

          Para todos aquellos que aún no han leído el libro, los invito a que se adentren en él, pues los acercará a descubrir como la ópera italiana en los escenarios de la ciudad del temprano México independiente funcionaba, no tanto como un entretenimiento para las elites económicas y políticas de la ciudad, sino más bien y, sobre todo, como un instrumento civilizatorio, al que toda nación moderna debía aspirar en aquel momento. Por ello, mantener a la ópera en los teatros capitalinos “en medio de epidemias de cólera y poco dinero” fue tan relevante.

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