por Matilde Souto Mantecón

Bajo la coordinación general de Miguel Fernández Félix y Agustín del Moral Tejeda, el Museo Kaluz y la Universidad Veracruzana publicaron en 2024 el catálogo de una magnífica exposición curada por Luis Rius Caso, historiador y crítico de arte. Se trata de un breve y magnífico texto gracias al cual podremos recorrer una y otra vez esta extraordinaria muestra de pintura de los españoles en el destierro tras la guerra civil. Esta exposición fue titulada a partir de un verso de Pedro Garfías en el que presenciamos, en palabras de Rius, “el poder de la creación que afirma un milagro en plena derrota: el triunfo de la espiga”. Y realmente en esta muestra de 52 obras podemos constatar como la guerra y el exilio paradójicamente hicieron florecer el arte español devenido mexicano.
Siguiendo paso a paso la muestra, Rius explica su división en cuatro núcleos que responden a las distintas etapas, problemas y motivos que vivieron los artistas españoles a partir de 1939. Haciendo el recorrido que haría un visitante a la muestra, vemos que en el primer módulo se exhibe el final de la guerra y la derrota de la República, lo que significó el “Éxodo y (la) reclusión”. En esta parte una serie de dibujos reviven la captura de los derrotados, su reclusión en los campos de concentración, donde en medio de la miseria y la humillación, el arte no se dio por vencido y se usó de todo para dibujar, pintar y esculpir: lápices y papel, telas y óleos, barro, jabón, miga de pan, lo que fuera con tal de crear.

En el segundo módulo, titulado “La voz antigua de la tierra” a partir de un poema de León Felipe, se exhiben las obras en las que observamos que se abre paso un fenómeno que siempre acompañará a los transterrados: la bifurcación del alma en el exilio entre la España real que se ha perdido y la España guardada en la memoria que se revive a partir de la añoranza y la nostalgia.

El tercer módulo, “Maletas abiertas. La vida en México”, exhibe la pintura de los artistas exiliados pero ya asimilados a su nuevo país, México. La obra de esta etapa muestra una realidad insoslayable: el binomio constante de lo perdido y lo ganado en el que vivirán por siempre. La idea del retorno a España se desvaneció sobre todo a partir de 1945 y México ganó presencia y propició un renacimiento. Este país les dio a la mayor parte de los artistas españoles la paz y la libertad para crear que la España fascista les arrebató; México les permitió concentrarse en su pintura y reflexionar sobre el arte, pero en ese proceso la nostalgia creció y la tierra de la que fueron desterrados se idealizó. Pero es allí, en ese binomio entre lo perdido y lo ganado que está la esencia del creador, el “niño dividido” que Rius evoca al inicio de su ensayo en este catálogo a partir de las indagaciones de Rosa Montero sobre el principio de la creación artística e intelectual, quien dice que tras la pérdida se pasa a una etapa de duelo y sufrimiento que sin embargo se resuelve cuando se crea un mundo nuevo y propio. Es esa tensión provocada por la pérdida la que da paso a la creación.

Gerardo Lizarraga, Historia del juego de pelota, sin fecha, Cat. 24.
El cuarto y último módulo de la exposición, “Trascendencia en la plástica mexicana”, nos adentra en las obras de los artistas hispano mexicanos, sobre todo los que formaron la segunda generación del exilio y que son los que se abrieron paso ya a un arte nuevo, de vanguardia, hacia la figuración abstracta y las atmósferas surrealistas, entre otras corrientes. Estos artistas ya quedaron inscritos plenamente en la plástica mexicana y la representaron, pero el binomio del exilio persistió y no dejaron de ser artistas españoles también.

El catálogo incluye además una lista catalográfica de todas las obras que conformaron la exposición en la que se proporciona los datos que identifican cada pieza. Debo destacar que este es un instrumento de enorme valor para los historiadores y críticos de arte, como también lo es por cierto el ensayo de Luis Rius Caso, pues a través de él podremos visitar una y otra vez la exposición de El triunfo de la espiga aunque ya no estén todas las 52 obras colgadas en las paredes del museo Kaluz. Las exposiciones son en general así, temporales, efímeras, pero por suerte los catálogos impresos permanecen para revisitarlas cuantas veces queramos.


Muy feliz y honrado con el generoso y bello texto de Matilde Souto Mantecón, a quien admiro tanto. Sus opiniones son el mejor premio al esfuerzo realizado para lograr esta exposición y el catálogo que la reflexiona y documenta. Fue un placer investigar y escribir el texto, y qué mejor que reciba la lectura y la opinión de Matilde!!