por Lorena Torres Salmerón
Dos crónicas noveladas de reciente publicación exploran distintas manifestaciones de las consecuencias sociales de la violencia que día con día atraviesa nuestro país. Por un lado, Fear is Just a Word, escrita por Azam Ahmed, y publicada a finales del 2023. Por otro, una de las obras más leídas de este año, Fabricación, de Ricardo Raphael.
El primer texto al que refiero narra la historia de lucha de Miriam Rodríguez, una mujer que –tras el secuestro y asesinato de su hija Karen a manos de los Zetas, en el contexto de la toma de San Fernando, Tamaulipas, por dicho grupo criminal– debe enfrentarse a la impunidad institucional y a la falta de acceso a la justicia, viéndose obligada a asumir por cuenta propia la investigación del caso.
El texto de Ricardo Raphael, por otro lado, visibiliza las capacidades, mediáticas e institucionales de las que dispone Isabel Miranda de Wallace para manufacturar un crimen que –a decir por las evidencias presentadas en el texto– nunca se cometió, pero que ella misma articula para explicar la supuesta desaparición de su hijo, Hugo Alberto. El texto expone los mecanismos más perversos utilizados por una mujer con poder en contra de un grupo de víctimas acusadas, injustificadamente, por un crimen simulado.
No es, en modo alguno, una revelación que las madres buscadoras –quienes, a su vez, constituyen una proporción significativa de la sociedad civil a la que le atribuyo buena parte de los escasos avances alcanzados en verdad, memoria y justicia en el país– protagonizan la consolidación y sostenimiento de aquellas herramientas para hacer frente a la violencia que el Estado ha sido incapaz de proveer.
La violencia, en consecuencia, ha obligado a que la maternidad busque tejer respuestas ante la ausencia, en un esfuerzo por comprender lo que les ha sido arrebatado. De ambas obras se desprende una conclusión ineludible: en este país, la violencia sistemática y generalizada –y la impunidad que invariablemente le acompaña–, da lugar a dos flancos opuestos de la maternidad, la magnánima, y la maquiavélica.
Isabel Miranda de Wallace, tal y como la retrata el autor, nos demuestra el lado pernicioso del tejido articulado en la búsqueda de la verdad. Mientras que Miriam Rodríguez nos enseña las derivaciones más íntegras de la maternidad. Ambos textos, considero, responden a una misma problemática: ¿cómo se enfrenta la maternidad a aquellas dinámicas de violencia que transgreden a quien más se quiere?
La violencia engendra violencia, nos revelan ambos textos. En algunos casos, como ilustra el cinismo de Miranda de Wallace, la impunidad contribuye a sostenerla. En otros casos, como nos demuestra Miriam, no solamente se perpetúa, sino que enfrentarse a ella exige la construcción de un tejido virtuoso capaz de resistirla y quebrantarla.
Las dos obras se presentan como reflejos opuestos de una misma realidad. Evidencian que existe un fracaso institucional, una intensificación de la violencia, y una asimetría en el ejercicio del poder tan profunda que desemboca en dos manifestaciones distintas de un mismo fenómeno: la creación de una víctima, y la constitución de una victimaria.

¡Muy interesante!