Efemérides, mitos y usos de la política.

por María Pía Martín

La ciudad de Rosario, situada en la provincia de Santa Fe -República Argentina- no es ciudad capital pero, desde mediados del siglo XIX, ha sido un núcleo articulador de la economía regional en el sur provincial. En el siguiente siglo se afirmó como un importante centro comercial, financiero, cultural, educativo y de peso político. No obstante, sus orígenes no van más allá del tránsito entre los siglos XVII y XVIII. Ubicada a orillas del río Paraná, surgió del desplazamiento de población en procura de tierras, ganado y, más tarde, de la agricultura y el comercio. Las primeras crónicas narran un origen de connotaciones religiosas, a la vez que señalan la creación de un curato hacia 1730-1731, ante la presencia de una capilla y una aldea modestas. Recién a fines del siglo XIX se inició un proceso modernizador que no se detendría. Centrada ahora en su rol de ciudad-puerto, Rosario fue exportadora de cereales y receptora de extranjeros, muchos italianos y españoles, más otros grupos de diverso origen, sumado a los migrantes internos.

La falta de una fecha de fundación precisa se volvió un problema para las elites rosarinas. Si desde temprano Rosario fue una promesa, al despuntar el siglo XX, dado su rápido progreso, su cosmopolitismo y sus actividades financieras y portuarias, se volvió una promesa cumplida. Su clase dirigente quería darse a conocer y mostrar los logros de una ciudad “hija de su propio esfuerzo”. Resultado de un capitalismo voraz, Rosario fue también “la Barcelona argentina”, debido a la presencia anarquista, la cual ensombrecía la imagen que se quería crear. Hacia 1900, se hizo visible un importante cambio en la sociedad, se impuso una cultura laicista, influida por ideologías que se apartaban de las explicaciones fundacionales sostenidas en la religiosidad de sus habitantes y en la devoción a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad desde 1823. El desarrollo cultural, científico e intelectual dio otra fisonomía a la ciudad.

En 1925, tras un largo debate entre destacados intelectuales, sus elites quisieron celebrar la grandeza de una comunidad carente de precisiones sobre su fundación. Aunque Rosario fue erigida ciudad en 1852, no fue esa la fecha escogida. La coyuntura política indicaba que debía ser ese mismo año, 1925, se recurrió entonces a las crónicas antiguas, que mencionaban 1725, en base a referencias imprecisas sobre un personaje de existencia dudosa, un grupo de indígenas y criollos, y el culto de la Virgen del Rosario. La fecha era útil a los fines políticos, lo que permitió zanjar diferencias. Por el momento, ya no se enfrentaban las dos representaciones de la ciudad, una de progreso, moderna y cosmopolita; y otra igualmente próspera, pero religiosa. A su vez, salvo excepciones, las voces de sus intelectuales destacaban su carácter blanco, de origen europeo, subestimando la presencia de la población autóctona, fuera criolla o indígena. La fecha escogida fue quizás la más débil, 4 de octubre de 1925, pero el tiempo apremiaba y los meses que faltaban permitirían prepararse para el gran evento.

Hoy, un siglo después, el municipio retoma aquella fecha para conmemorar los 300 años de su fundación y recupera aquella idea de celebrar los logros en una ciudad muy distinta. Un centro urbano grande y próspero, pero fragmentado, atrapado en una complicada trama económica y social que lo sobrepasa, donde la postergación y la violencia son moneda corriente. Mientras, se discute una reforma de la constitución provincial que plantea la autonomía municipal, al tiempo que surgen demandas de la población indígena, afrodescendiente y migrante, alzando sus voces con el legítimo reclamo de participar de la reforma en curso.

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