El espacio histórico en el foco de las nuevas tecnologías

Sección especial: Espacios, relaciones sociales y poder. Propuestas para estudiarlos

Martina Manchado

Aunque la historia no debe pensarse en el vacío, la problematización de la espacialidad aún no está generalizada en la práctica historiográfica. A pesar del desarrollo de métodos y de la proliferación de conceptos como territorios, territorialidades, regiones, paisajes, límites y fronteras, la reflexión sobre su definición y alcance es escasa. A menudo, las cuestiones espaciales en los estudios históricos se abordan de manera puramente textual, sin referencias que permitan entender y analizar variables cruciales como ubicación, distancia, visibilidad, entre otras.

Los Sistemas de Información Geográfica (SIG) permiten procesar y relacionar información sobre la ubicación de características o fenómenos en la superficie de la Tierra. Con estos sistemas se pueden crear bases de datos y manipular, integrar, analizar y mostrar las relaciones espaciales entre ellos. Pero, ¿desde dónde parten los historiadores para poder aplicar estas herramientas? Algunos autores afirman que la clave está en preguntarnos cuáles son los aspectos geográficos de los problemas de investigación. A modo de ejemplo, mostramos aquí cómo se busca ampliar o complejizar las preguntas y conclusiones surgidas de una investigación histórica aplicando los SIG y entendiendo esta aplicación como una herramienta para la interpretación de los procesos históricos.

En un estudio histórico realizado sobre las circunstancias que llevaron a la fundación del Fuerte de San Carlos en 1770 en la frontera de Mendoza (Río de la Plata), el análisis de las fuentes históricas concluye que la ubicación elegida en el paraje de La Isla (o Real de San Carlos) fue el resultado de la influencia de una élite del Cabildo de Mendoza cuyo interés en la localización del fuerte respondía más a problemas comerciales que defensivos. La Isla se encontraba en una encrucijada de caminos clave para el comercio con parcialidades de indígenas no sometidos y el cruce trasandino a Chile, pero no ofrecía la mejor protección contra los asaltos indígenas ni la defensa de las estancias sureñas, como lo señalaron documentos de la época y la propuesta alternativa del Corregidor, que sugirió que el Fuerte se levantara en el Paraje de Papagayos. Esta última ubicación (donde existió un asentamiento indígena de «indios amigos» y luego el Fuerte de San Juan Nepomuceno) se considera, desde la perspectiva histórica, un sitio más estratégico para la defensa de la frontera.

Para contrastar esta interpretación histórica se realizó un estudio de cuencas visuales (viewshed) con el software QGIS, con el objetivo de evaluar la función defensiva de puntos estratégicos de la frontera, específicamente el Fuerte de San Carlos y el Fuerte de San Juan. Con esta herramienta se buscó determinar si desde la ubicación del primero en La Isla se aseguraba el control visual del territorio por donde ingresaban los asaltos indígenas, contrastando su visibilidad con la de sitios alternativos. El análisis se realizó tomando distintos radios de entre 20 y 120 km y una altura de observación ajustada (5m para los fuertes, 2m para el paraje de Papagayos) para simular el control estratégico del espacio circundante.

Lo que demostró el análisis de cuencas visuales es que desde el Fuerte de San Carlos había un buen control visual inmediato, sobre todo orientado a las rutas comerciales. En cambio, desde el fuerte de San Juan la visibilidad estaba orientada hacia el suroeste y hacia los sectores pedemontano alto y cordillerano por los que, según las fuentes, se producían las entradas de las incursiones indígenas. Estos resultados son preliminares y la idea es seguir explorando la herramienta, pero se cree que los SIG tienen un gran potencial para investigaciones históricas de estas características, en donde el objetivo es reconstruir las territorialidades hispanocriollas e indígenas y entender cómo se transformaron y evolucionaron en un espacio de frontera.

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