Sección especial: Espacios, relaciones sociales y poder. Propuestas para estudiarlos
Margarita Santoni
Durante mucho tiempo las mujeres hemos tenido como espacio fundamental para desarrollar nuestras vidas el ámbito privado. El hogar y las tareas hogareñas eran los roles que estaban asignados a las mujeres. Esto parece ser notorio en la Mendoza (Argentina) de la segunda mitad del siglo XIX. Pero ¿qué pasaba con las mujeres que salían del espacio que les correspondía? Por ejemplo, ¿qué pasaba con las mujeres que delinquían? ¿Cuáles fueron los castigos recibidos? ¿Cómo se relacionaron los castigos recibidos con la distribución de los espacios y del poder? ¿Cuáles son las fuentes de estudio de estos temas? ¿Cómo se han trabajado?
Las fuentes para el estudio de la historia de los sistemas de punición hacia las mujeres con las cuales propongo trabajar son los expedientes judiciales, los que tienen un sinfín de posibilidades de análisis. Como sostienen los historiadores que indagan a partir de ellos, en los expedientes judiciales lo que sucede parece ser particular, pero a partir de ellos se encuentran generalidades, se pueden detectar las representaciones sociales hegemónicas, ideas, creencias y formas de actuar de los Estados que no fueron de una sola manera sino de diversa.
Las mujeres en Mendoza, durante la segunda mitad de siglo XIX, salieron del espacio privado al público muchas veces cometiendo delitos. Los crímenes que ejecutaron mayormente fueron robo, hurto, injuria, adulterio, malos tratos, homicidio y lesiones. La punición también se relacionó con el espacio, las relaciones sociales y de poder, y fundamentalmente con el contexto político. En este sentido, a partir de 1853, con la sanción de la Constitución Nacional Argentina comenzó un intento de construcción de un Estado moderno. Con eso también se puso en tela de juicio la forma en que se castigaban los delitos. Durante un tiempo convivieron las formas de castigo del Antiguo Régimen con las modernas, hasta que lentamente fueron prevaleciendo estas últimas, al menos en las áreas urbanas. Las modalidades antiguas se relacionaron con lo físico (pena de muerte, azotes) y las modernas con el aislamiento (privación de la libertad) con una idea higienista de la sociedad que implicaba la noción de buen ciudadano en la que la disciplina y el orden social eran centrales.
Este sistema punitivo fue el que castigó a las mujeres; por lo tanto, muchas veces fueron aisladas en hospitales o dependencias gubernamentales, azotadas e inclusive recibieron la pena de muerte. A medida que el Estado se fue consolidando el aislamiento fue teniendo mayor importancia, aunque no había un lugar específico para la privación de la libertad de las mujeres. A fines del siglo XIX, aquél delegó la responsabilidad de ésta en la Orden religiosa del Buen Pastor, la cual tuvo como función principal la de feminizar a esas mujeres que salieron de su espacio y de su rol asignado, enseñándoles lo que se consideraban las correctas maneras de ser mujer y el espacio al cual pertenecían. Este proceso en el cual al comienzo no había un lugar pensado específicamente para ellas y luego fueron entregadas a una orden religiosa, nos permite pensar en las relaciones sociales, espaciales y de poder en las que la categoría de género en los estudios históricos se vuelve fundamental. De tal forma, entiendo que el género es resultante de una construcción social y cultural que establece lazos desiguales y por ello esta categoría, y no un análisis de las mujeres de manera aislada de su articulación con la sociedad, permite comprender mejor esas relaciones en las cuales la espacialidad no es un escenario sino un condicionante histórico.
