Cooperación internacional clerical y el Seminario de Montezuma

Paúl Moreno

El Pontificio Seminario Mexicano de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicado en la comunidad de Montezuma, Nuevo México, es uno de los pocos ejemplos del catolicismo transnacional mexicano. Fundado en 1937, Montezuma incorporó las experiencias del Seminario de San Felipe Neri, en Castroville, Texas, que operó en el periodo de 1915 a 1918.

La causa de la libertad religiosa, amenazada en México durante la Revolución, motivó la creación de un centro de formación para el ministerio de la Iglesia Católica Mexicana alejado del acecho. A pesar de las tensiones, diferencias de posturas y demás asimetrías, Castroville y Montezuma son un triunfo de la cooperación clerical de ambas naciones. Los seminarios difieren, sin embargo, en su operatividad programada: Castroville cumplió la función de “refugio temporal” durante el peligro; mientras Montezuma buscó la recuperación y el fortalecimiento de la doctrina social de la Iglesia Mexicana.

Como Castroville, Montezuma fue posible gracias al apoyo del clero estadounidense, especialmente de Francis Clement Kelley, obispo de Oklahoma y reconocido escritor dentro de la organización católica. En 1936, la conferencia episcopal estadounidense respondió a la carta de los obispos mexicanos que solicitaba el alojamiento de estudiantes al sacerdocio dados los problemas persistentes entre el clero y el Estado después de la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera. La respuesta incluía el ofrecimiento de un terreno en el condado de San Miguel, Nuevo México, que alberga las instalaciones de un antiguo hotel. La versión clerical oficial sugiere que Montezuma es un ejercicio de cooperación de las iglesias mexicana y estadounidense. Nuevas interpretaciones, como la de Matthew Butler, sugieren que la caridad de los obispos estadounidenses en sostener un seminario mexicano en suelo propio es empatada con las habilidades de la jerarquía mexicana para negociar estratégicamente bajo los esquemas políticos imperantes tanto en Estados Unidos como en Roma.

Administrada por la Compañía de Jesús, la educación en Montezuma consolidó generaciones de seminaristas con impacto en su retorno a México. En contraste con la oferta educativa clerical en el país, los seminaristas de Montezuma presumían de una formación más sólida y homogénea. Las estimaciones sugieren que alrededor de tres mil seminaristas pasaron por Montezuma en su trayectoria educativa, de los cuales alrededor de mil se ordenaron sacerdotes. Posiblemente, esa identidad montezumense concurrió en la formación de tensiones en las diócesis del país, las cuales contribuían financieramente al seminario. La lejanía del seminario dificultaba la solución cortoplacista de los intereses en el territorio nacional, sumada a las desigualdades económica, social, educativa y geográfica entre las diócesis del país. Además, los egresados de Montezuma amenazaban la consolidación de los liderazgos entre quienes se quedaban en México.

Montezuma fue cerrado en 1972, al considerarse que las causas de su fundación habían sido resueltas, en un momento en que su financiamiento se cuestionaba por las iglesias de ambos países.

Deja un comentario