El prisma argentino. Violencia política y excepcionalidad en el México de los años setenta

Andrés N. Funes

En diciembre de 1976 se estrenó en Argentina una adaptación de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, dirigida por Eduardo Plá y musicalizada por Charly García. Más allá de su carácter experimental, importa el momento: un país que acababa de ingresar en una nueva dictadura militar. El mundo de Carroll encontraba eco en una sociedad donde la violencia ocupaba el centro de escena. Esa experiencia era observada en otros países. En México, por ejemplo, la prensa construyó una lectura específica de lo que sucedía.

Fuente: captura de pantalla de IMDb (Internet Movie Database), ficha de Alicia en el país de las maravillas, captura de pantalla realizada por el autor, consultado en febrero de 2026, http://www.imdb.com.

La Argentina de mitad de los setenta estaba lejos de la estabilidad. La muerte del presidente Juan Domingo Perón en 1974 debilitó al gobierno de María Estela Martínez. La crisis económica, la presión militar y el incremento de las acciones guerrilleras erosionaron su legitimidad, mientras profundizaba la represión estatal. El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno, implantando una de las dictaduras más atroces del Cono Sur.

En México, la situación parecía distinta. Si bien la economía tembló con la ruptura de Bretton Woods en 1971, el sistema político seguía funcionando. Hacía casi 50 años que el presidente surgía del Partido Revolucionario Institucional. En este contexto, la oposición –operando en condiciones de desigualdad– tenía escasa fuerza electoral y limitada incidencia. Los gobiernos de estos años –los de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo– tuvieron sus diferencias, pero desplegaron prácticas de persecución, detención, tortura, muerte y desaparición de guerrilleros y disidentes.

La represión contra las guerrillas fue sistemática. Se las caracterizó como organizaciones subversivas. La prensa nacional privilegió este enfoque. Hechos tratados más en páginas policiales que políticas; se trataba de delincuentes y no activistas. Esto puede verse en El Nacional, Sucesos Para Todos y El Porvenir. La violencia en Sudamérica servía para diferenciar la situación mexicana, donde las acciones guerrilleras parecían reprimirse dentro de la ley. En verdad, la represión fue mayoritariamente clandestina.

Fuente: Sucesos para todos, Hemeroteca Nacional Digital de México (BNM), 21/12/1974, Nº 2168, p. 25, consulta en línea y captura de pantalla del autor, 2026.

Por ejemplo, narrando el “ajusticiamiento” de un militar retirado, El Porvenir advierte sobre el “terrorismo de izquierda… y “contraterrorismo de derecha” que convulsionan Argentina (2/8/1971, p. 8). En su informe sobre el asesinato de Rodolfo Ortega Peña, el Nacional sentencia que el país vivía una “psicosis de violencia” llegando hasta “límites impensables” que podían “perjudicar a más de un inocente” (1/8/1974, p. 2). Sucesos para todos califica como “ola de terror” lo que sucedía, narrando los atentados “de izquierda” y “de derecha”, y los exilios (9/11/1974).

En óptica, el prisma sirve para desviar, reflejar y disgregar un haz de luz. Las noticias sobre Argentina cumplían funciones similares. Primero, desviaban la atención sobre cómo se desarrollaba la “Guerra Sucia” en México: asesinatos, desapariciones y juicios sumarios a presuntos guerrilleros. Segundo, reflejaban una mirada sin embargo sombría sobre los derroteros del conflicto, proyectando un escenario de “guerra civil”. Tercero, disgregaban los elementos en pugna: subversión y anarquía, por un lado, gobierno y orden, por el otro. El prisma argentino reforzaba una idea aún arraigada en la historiografía y ciencias sociales en México: la excepcionalidad del sistema político mexicano frente a sus pares latinoamericanos.

Si bien el cuestionamiento de esta narrativa ya comenzó –pienso en Instantes sin historia deCamilo Vicente Ovalle–, una forma de profundizarlo es recolocar a México en el contexto latinoamericano de la Guerra Fría, atendiendo a sus similitudes y diferencias con otros países de la región. Solo así es posible comprender, a contraluz, este complejo momento de la historia mexicana del siglo XX.

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