Néstor Valverde
En los primeros años del siglo XX, la Argentina era un país en transformación. Millones de inmigrantes llegaban desde Europa y se asentaban en ciudades y colonias agrícolas del Litoral y la Pampa Húmeda. En ese mundo de chacras, talleres y ferrocarriles, el trabajo y la vida familiar se entrelazaban con nuevas formas de sociabilidad y también con la política. Con ella esos inmigrantes no siempre se pusieron en contacto en sindicatos o partidos, sino más bien en espacios más íntimos.
Décadas más tarde, a comienzos de los años ochenta, un viejo militante comunista recordaba su infancia en ese escenario. Florindo Moretti, ferroviario y dirigente gremial volvía sobre sus primeros años en una familia de inmigrantes italianos y trabajadores rurales en el sur de la provincia de Santa Fe. Su libro, resultado de las entrevistas realizadas invita a reflexionar sobre los caminos de la politización popular en la Argentina moderna. En efecto, en esos recuerdos, la política aparecía mucho antes que la militancia.
Una de las escenas más vívidas transcurre en la mesa familiar. “Recuerdo alrededor de la mesa de mi casa se reunían mis tíos que eran maquinistas y foguistas, llegaban también otros paisanos, mi padre colocaba la damajuana de vino en el centro y por las noches se hacían verdaderos debates […] a la luz de la lámpara a kerosene se exponían las ideas anarquistas, sindicalistas y socialistas”.
En la Argentina de las décadas del diez y del veinte, atravesada por huelgas, conflictos agrarios y la ampliación del sistema político, esas conversaciones no eran excepcionales. Para muchos trabajadores e hijos de inmigrantes, la política formaba parte de la vida cotidiana. En ese aprendizaje, en ocasiones, la figura del padre ocupaba un lugar central. No sorprende que Florindo Moretti lo evoque como un hombre respetado, trabajador y solidario, pero también como quien articulaba el mundo doméstico con el espacio público. Era su padre quien lo llevaba a los mítines. Uno de esos momentos quedó grabado con intensidad:
“De ese mitin tengo grabada en mi mente la figura de Lisandro hablando a la tribuna (…) Lisandro bajó, conversó con mucha gente y, al ver a mi padre, se dirigió hacia nosotros. Me colocó la mano sobre la cabeza. Yo lo miraba, para mí era un prócer. Conversaba con mi padre y a mí me corría por la mente la idea de cómo podía hacerse para hablar desde la tribuna. La idea de llegar a esas tribunas las fui vislumbrando. Estaba emocionado porque asistía al primer mitin de mi vida”.
La escena muestra el pasaje de la escucha familiar a la fascinación por la palabra pública. “La idea de llegar a esas tribunas las fui vislumbrando”. Una vez más, el tiempo compartido con su padre en una salida devenía una instancia de acercamiento de este niño a la política electoral, que lo marcaría. Al rememorar esas experiencias desde la vejez, Moretti no solo reconstruía su biografía como dirigente comunista de larga trayectoria. También daba forma a una memoria en que la política y los problemas sociales y sindicales aparecían profundamente ligados a la vida cotidiana y las relaciones familiares.
Su historia, permite iluminar un proceso más amplio. En la Argentina de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la formación política de muchos jóvenes trabajadores no comenzó en el ingreso a un partido o sindicato, sino mucho antes. Se gestó en un entramado de experiencias en la que la familia funcionó como un espacio clave de socialización, y en la cual las figuras masculinas tuvieron gran centralidad en la formación de nociones de clase, idearios políticos y modelos de masculinidad.
La mesa, las conversaciones y los relatos de lucha constituyeron una verdadera escuela sobre la política y sus modos de practicarla. Una escuela muy temprana, sin programas ni instituciones formales, pero decisiva en la formación de sensibilidades, valores y aspiraciones. Para ciertos jóvenes, cuyas vidas una nueva historia social se esfuerza en reconstruir, antes de la militancia sindical o partidaria estuvo esa experiencia primera. Allí, en la intimidad de la vida cotidiana, la política ya estaba en marcha.
Redes de Atarraya
