Mariana Terán Fuentes

Abogado, litigante, militar, jefe político, diputado, gobernador y candidato presidencial. En Trinidad García de la Cadena, el zacatecano, es posible leer al siglo XIX por sus luchas, tensiones y rebeldías. Defendió la cuestión social, la consolidación del poder municipal, la soberanía estatal y las tensiones propias del federalismo mexicano. Fue el último gobernante zacatecano que entró en disensión con los gobiernos nacionales, los que le sucedieron, se cuadraron.
El 15 de septiembre de 1823 nació Trinidad García de la Cadena en la comunidad de Villa del Refugio, Zacatecas, donde recibió la instrucción elemental. En la década de 1840 fue alumno del Instituto Literario de Zacatecas bajo la dirección de Teodosio Lares. Estudió Derecho y participó en las actividades prácticas de la Academia de Jurisprudencia. La formación educativa recibida le permitió iniciar su profesión como litigante en Zacatecas y Aguascalientes y de inmediato participó en las elecciones para ser diputado en el congreso del estado. Como representante de la legislatura en 1840-1850, tuvo oportunidad de participar en la discusión sobre la viabilidad de innovar el procedimiento electoral al entrar en debate la elección directa al poder judicial, en particular a los magistrados del Tribunal Superior de Justicia. En 1860 ocupó nuevamente un espacio de representación en aquel órgano, la elección directa no fue aprobada, sin embargo, los temas relacionados con los trabajadores del campo, la defensa de la soberanía estatal, la consolidación del poder municipal a través del aumento de ayuntamientos constitucionales y la contención del poder de los grandes hacendados fueron los temas que determinaron la agenda legislativa.
Si algo caracteriza a Trinidad García de la Cadena es su rebeldía, no en balde Daniel Cosío Villegas lo llamó “el eterno rebelde”. Esa rebeldía se tradujo en una serie de prácticas, proyectos y movilizaciones políticas y militares en las que se enfrentó con el ejecutivo nacional; primero con Juárez a quien consideró un ambicioso que concentraba en sus manos el poder y control sobre la nación. Después del pronunciamiento de San Luis Potosí en diciembre de 1869, García de la Cadena se lanzó en enero de 1870 con su propio plan exigiendo el desconocimiento a Juárez por no atender los procedimientos legales para las reformas a la Constitución. Juárez no tardó en responder: suspensión de garantías individuales, declaración de estado de sitio para Zacatecas, designación de gobernador interino y persecución al rebelde. García de la Cadena no solo se enfrentaba a Juárez, sino a los grandes propietarios de haciendas de la entidad por haber promovido una reforma constitucional que determinaba que podrían establecerse juntas y congregaciones municipales en propiedad particular con el requisito de contar con 500 habitantes, lo que les permitía estar en condición de tener tierras para instrumentar su régimen municipal. En el primer periodo de gobierno de García de la Cadena (1868-1870) decretó numerosas expropiaciones de sitios de ganado menor para favorecer la vida municipal de los trabajadores del campo. La prensa opositora a su gobierno lo empezó a llamar “comunista”. El reverso de la moneda descansó en que, en su primer periodo de gobierno, se aprobó la elección directa para gobernador, diputados del estado, magistrados del Supremo Tribunal de Justicia, jefes políticos y ayuntamientos constitucionales.
Después de su salida del estado en enero de 1870 para ganar adeptos a su causa en Aguascalientes, San Luis Potosí, Durango y Jalisco y, pese a las derrotas sufridas, su movilización militar se reorientó no solo contra Juárez, sino a favor de Porfirio Díaz. Entre 1871 y 1876 fue uno de los líderes regionales a los que Díaz le tuvo alta consideración por su habilidad para convencer a distintos sectores sociales y por su capacidad militar. Representó un pilar en Zacatecas para favorecer al movimiento de Tuxtepec que llevó a Díaz a la presidencia. Los resultados electorales para gobernador en Zacatecas fueron contundentes: García de la Cadena se llevó más del 90 por ciento y en 1877 ocupó por segunda vez el ejecutivo estatal. Los tropiezos con Díaz no se hicieron esperar al negarse a aceptar la lista que el presidente le proponía para respaldar a los diputados del congreso general. Las comunicaciones fueron cada vez menos amables. El discurso de García de la Cadena se centró en la defensa de la soberanía del estado y, en ese sentido, recuperó la primera etapa del federalismo en Zacatecas con la figura de Francisco García Salinas.
El camino de los desacuerdos ya no tendría retorno. Menos, cuando se decidió a participar en la contienda electoral de 1880 por la presidencia de la república. Lo apoyaba una extensa red social y política en distintas regiones del país: campesinos, obreros, artesanos, profesores, periodistas. Entre otros periódicos, La Patria, El Combate y El Socialista. No ganó, sin embargo, esto evidencia la capacidad de movilización y de armar redes sociales e institucionales que vieron en el zacatecano, una posibilidad de frenar a Díaz y a sus cercanos.
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