Laureana Wright González: darle a la mujer «la instrucción por salvaguardia, el trabajo por recurso y la dignidad por égida”. Sección especial: “Figuras públicas de impronta: perfiles del siglo XIX”

Guadalupe Gómez-Aguado

Mujer de gran ambición intelectual, prolífica escritora, periodista y educadora de orientación liberal, Laureana Wright González (1848-1896) fue una de las figuras públicas mexicanas más destacada de las últimas décadas del siglo XIX. Desde muy joven comenzó a escribir poemas y si bien, de acuerdo con las costumbres de la época, no asistió a la escuela, fue impulsada al estudio por su padre, que le fomentó el conocimiento de saberes especializados como historia, literatura e idiomas. Pionera en el periodismo femenino, Laureana Wright colaboró en varios periódicos como el Álbum de la Mujer y el Federalista antes de dirigir su propio semanario, Violetas de Anáhuac (1888-1889). Desde sus páginas declaró su objetivo prioritario: “la ilustración y el sostenimiento de los intereses y derechos femeninos”. Tanto ella como sus colaboradoras dedicaron muchas páginas a hablar de la educación de las mujeres, un tema que siempre estuvo entre sus mayores preocupaciones. Consideraba que la prensa era un medio fundamental para ayudar a que la lectura se hiciera usual entre los mexicanos y, según sus propias palabras, destruyera “por completo los muros de la ignorancia”.

Sobre la educación femenina Wright publicó dos ensayos precursores: La emancipación de la mujer por medio del estudio (1891) y Educación errónea de la mujer y medios prácticos para corregirla (1892). En ambos textos defendió apasionadamente la necesidad de que las mujeres recibieran una educación adecuada que les permitiera compartir espacios públicos y privados con los hombres en un plano de igualdad. En un tiempo en que la debilidad y la dependencia se consideraban inherentes a la mujer, ella afirmó que si se les permitía a las mujeres seguir el mismo camino científico que seguía el hombre, llegaría un día en que aquél, que había visto “la idea de la emancipación de la mujer como una loca y ridícula utopía […] tendría que confesar […] no sólo la igualdad sino la supremacía intelectual de la mujer”. Wright denunció que la ignorancia era la causa de la sumisión femenina, debido que el hombre le había vedado “la entrada en todas las carreras intelectuales; convirtiéndola de persona en cosa, de entidad en nulidad […] y relegándola ante la sociedad”. También enfatizó la necesidad de que las mujeres ejercieran a plenitud los derechos cívicos como un medio para lograr la deseada igualdad con respecto a los varones.

La condición laboral de sus congéneres fue una preocupación que compartió con Matilde Montoya, la primera médica mexicana, con quien fundó la escuela-asilo para obreras “El Obrador: Luz y Trabajo”, que ofreció un lugar a las mujeres trabajadoras para que dejaran a sus hijos durante la jornada laboral. Asimismo, buscó ofrecer capacitación a las mujeres en oficios prácticos que podrían ayudarles a ganar su propio sustento para no depender económicamente de los hombres. Pionera en muchos ámbitos en la sociedad de entonces, perteneció a la logia masónica “María Alarcón de Mateos”, prohibida, al igual que las otras tres logias femeninas que había en México a fines de la centuria, porque pese a las buenas intenciones que habían permitido el funcionamiento de esas asociaciones, la participación de las mujeres en la masonería era anatema. En su discurso de despedida de la logia, en el que ofreció “ponerla a dormir” hasta que fueran menos penosas las circunstancias, denunció que en el rito escocés al que pertenecía sólo podían iniciarse “los individuos que se [hallaran] en plenitud de sus derechos ciudadanos”, de los que “desgraciada y vergonzosamente” carecían las mujeres. También mencionó que en el rito de York sus integrantes tendrían que jurar “no admitir jamás en sus trabajos un ciego, un loco, ni una mujer”, lo que la hizo exclamar: “ya veis, hermanas mías, a qué nivel se nos sujeta”.

Laureana Wright dedicó su vida a fomentar la educación femenina, a buscar espacios de acción para las mujeres, a promover sus derechos cívicos y a disminuir la brecha de desigualdad con respecto a los varones. Así lo sentencia una de sus frases emblemáticas: “creo que la mujer es apta y tiene derecho de seguir todas las profesiones que sigue el hombre; creo que sus facultades intelectuales son iguales a las de éste […], creo, en fin, en la mujer”.

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