“Abogado con faldas”: el estudio de María Sandoval a través de la prensa del siglo XIX

Erika Gómez Mendoza

En las últimas décadas del siglo XXI han avanzado significativamente los estudios sobre el ingreso de las mujeres en la abogacía, profesión que históricamente había sido dominada por el sexo masculino y cuya práctica supuso un desafío a los estereotipos de género que promovían la existencia de una naturaleza femenina que cobraba forma y sentido en la esfera de lo privado.

En México, historiadores como Moisés González Navarro, María de Lourdes Alvarado y Gabriela Cano dieron a conocer los primeros indicios sobre la enigmática figura de María Asunción Sandoval, la primera mujer que ingresó a la carrera de Derecho en la ciudad de México (1892) y se tituló de la Escuela Nacional de Jurisprudencia (1898). Considero que uno de los aspectos más sobresalientes fue su práctica profesional ya que fue la única abogada que logró litigar frente a un tribunal en materia penal en el siglo XIX en México y América latina.

Uno de los principales obstáculos para el estudio de su ejercicio profesional ha sido la escasez de fuentes primarias. La nota publicada por El Imparcial (1898) y el artículo de Dolores Correa en La Mujer Mexicana (1904) han sido las fuentes más empleadas hasta el momento. Curiosamente, ambas notas enfatizan las defensas que hizo de mujeres, pero proporcionan datos poco precisos e insuficientes al respecto. Aquí, el contraste con otras fuentes cobra relevancia para conocer a los sujetos que demandaron sus servicios legales, los actos delictivos por los que fueron juzgados y su actuación como abogada.

Confieso que la reconstrucción de su trayectoria como defensora frente al jurado de delitos del fuero común en la ciudad de México demandó una larga y exhaustiva revisión de fuentes hemerográficas de la época. Propongo que la cobertura que la prensa informativa dio a la trayectoria de la abogada Sandoval no sólo se debió a la excepcionalidad del momento, sino también a que su ejercicio profesional coincidió con un momento en el que los diarios dedicaron espacios a las notas criminales.

Las notas “cazadas y ensambladas” por los reporters ofrecen una buena aproximación a los procesos judiciales porque, en algunas ocasiones, la narración de los hechos incluye los nombres de las víctimas y el imputado, el juzgado al que fue turnado el proceso y los abogados involucrados (la defensa y el fiscal). En los casos “sensacionales” suelen compartirse fragmentos de los alegatos, el veredicto obtenido por jurado popular y la pena impuesta por el juez. Si bien el contenido de la prensa no reemplaza ni se asemeja al de los expedientes judiciales, sí ofrece una alternativa que permite rastrear sus años como litigante y nos acerca a algunos de sus casos.

Hasta el momento he podido constatar que María Sandoval ejerció como abogada defensora entre 1896 y 1901. Es importante destacar que sus litigios en materia penal ocurrieron mientras ella conservó el estado civil de soltera y se desconoce si continuó luego de contraer nupcias (1903). Se han identificado al menos 23 casos de delitos relacionados con homicidio, robo, lesiones, abuso de autoridad, difamación y falsedad en declaraciones judiciales, cometidos todos por sujetos del sexo masculino (esta cifra contempla sólo aquellos casos en donde existe información fehaciente sobre los procesos).

Tal parece que la amplia cobertura que la prensa dio al desempeño de la señorita Sandoval -primero como practicante y luego como abogada titulada- así como el tono de las notas -enfocados en exaltar su carácter e inteligencia- generaron un ambiente de expectación y buena acogida para la joven abogada. La creciente demanda de sus servicios legales provenientes del sector masculino recluido en la cárcel de Belén es un indicador de que, en la práctica, su capacidad como abogada defensora no fue puesta en duda a razón de su sexo y de que, hasta ese momento, su ejercicio profesional fue socialmente aceptado en el México decimonónico.

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