A propósito de Maler: su denuncia del saqueo de Chichén Itzá

Daniel Guzmán Vázquez

Testimonio de Maler. Foja 6 de la Causa penal 11/1926, Casa de la Cultura Jurídica en Mérida, Yucatán. Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El nombre de Teobert Maler es un nodo en la historia de la arqueología mexicana, el cual conecta por igual con los relatos de expediciones a las zonas mayas de finales del siglo XIX, que con los dibujos y fotografías que documentaron el estado de ciudades milenarias consumidas por la selva. Este soldado y capitán del emperador Maximiliano fue un precursor destacado del estudio del pasado maya. En este artículo pretendo conectar este nodo llamado Maler con la historia judicial.

El motivo me lo da la colaboración de Julieta Martínez en este mismo blog sobre el misterio de su patrimonio fotográfico (https://blogatarraya.com/2026/02/09/teoberto-maler-y-el-misterio-de-su-legado-fotografico/). Maler aparece en los expedientes de lo que podemos denominar “el caso Thompson”. Los procesos judiciales relacionados con el saqueo de alrededor de 30 mil piezas arqueológicas del Cenote Sagrado de Chichén Itzá y su traslado a los Estados Unidos registran como primer antecedente la “denuncia” informal que hizo Teobert Maler el 6 de octubre de 1909. El contexto es el que sigue.

A finales del siglo XIX el famoso pozo sagrado los itzaes, lugar de ritos y peregrinaciones que dio lugar a la ciudad de Chichén Itzá, no era un dato arqueológico. La historia de cómo se concibió que las apacibles aguas del Cenote Sagrado atesoraran evidencia arqueológica amerita un texto aparte. Por ahora, baste decir que Edward Thompson, cónsul estadounidense en Mérida y más tarde, a partir de 1895, propietario de la hacienda de Chichén Itzá desde 1895, extrajo piezas del cenote entre los años 1904 a 1914.

¿Extraer piezas del Cenote Sagrado, aun siendo propietario de este, para trasladarlas a los Museos de Peabody en Harvard, o Field en Chicago era legal? Ya existía legislación, pero ningún tribunal había analizado un caso así. La Procuraduría General no actuó de oficio, a pesar de que Thompson empleó a pobladores de la región y de que ya se habían publicado notas sobre esta “hazaña”, como un texto de la periodista Alma Reed.

Y aquí aparece Teobert Maler, quien acudió a la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes y entregó esta nota a su director, Justo Sierra, el 6 de octubre de 1908:

“Thompson (pagado por Bowditch y Putnam (Peabody Museum)) ha seguido todo el tiempo, dragando desesperadamente el cenote (dzonotl) de Chichén, rompiendo con su draga innumerables “perlas”, “cilindros “y “figuritas” de piedras duras, pulidas y de color verdosas y azuladas para encontrar una y otra cosita intacta, no despedazada por la funesta draga. Según informes secretos, aun cosas de cobre y de oro han salido… Sobre todo se habla (mejor dicho se niega de haberse encontrado un disco cobre, acaso de 20 cm en diámetro), lleno de figuraciones cronológicas ¿pequeño “tonalamatl”?”

La nota, casi un telegrama, traza los puntos cruciales del caso:

  1. Thompson no es un agente independiente, forma parte de una red que vincula el saqueo del cenote con los patriarcas de la arqueología americanista del Museo Peabody.
  2. La empresa es acelerada (“dragando desesperadamente”), lo que sugiere clandestinidad e ilegalidad.
  3. La draga ya ha destruido el patrimonio arqueológico que paradójicamente se quería “rescatar”.
  4. Los registros de lo encontrado son opacos o inexistentes.

El mensaje fue reenviado por Justo Sierra a los inspectores arqueológicos de Yucatán para que informaran y aseguraran las piezas. En abril de 1911, anticipando el riesgo de un conflicto legal, Thompson solicitó permiso expreso al gobierno mexicano para explorar el Cenote y exhibir las piezas in situ, fecha en que la extracción de piezas llevaba ya 7 años. El testimonio de Maler se reproduce en el dictamen que fundamentó la acusación de la Procuraduría General de la República, presentada el 26 de julio de 1926, quince años después de la denuncia.

El expediente y otros detalles se pueden consultar en una exposición digital de la Suprema Corte: https://bibliotecadigital.scjn.gob.mx/exposiciones/de-chichen-itza-a-boston/

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