Un cocinero, un mozo, un empresario azucarero y un juicio

por Florencia Gutiérrez

Ricardo Acosta y Pedro Carrizo comenzaron a trabajar como peones agrícolas del ingenio La Corona, ubicado en la norteña provincia de Tucumán (Argentina), en 1915 y 1926, respectivamente. Con el tiempo, Acosta pasó a desempeñarse como cocinero en el chalet del administrador del ingenio y Carrizo como mozo. A principios de los años cincuenta, ambos decidieron demandar a la patronal en los Tribunales del Trabajo, que funcionaban en Tucumán desde 1948, para acceder a los aumentos salariales establecidos periódicamente para los obreros azucareros. Seguramente sin experiencias judiciales previas, pero alentados por la reciente creación de una justicia laboral que –con sentido obrerista– postulaba la desigualdad entre el capital y el trabajo y había nacido para compensarla, Ricardo y Pedro decidieron judicializar el conflicto.

Foto n° 1: Chalet del administrador del ingenio La Corona, en Padilla, Vicente: El norte argentino. Historia política-administrativa, social, comercial e industrial de las provincias de Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Catamarca,  Buenos Aires: Establecimiento Gráfico Ferrari Hermanos, 1922.

Frente al juez, la patronal afirmó que ninguno de los dos trabajadores figuraba en los libros del personal del ingenio porque sus tareas no tenían carácter industrial, comercial o rural, sino que eran “las propias del servicio doméstico”. En su fallo, los jueces precisaron que la empresa –que perseguía fines de lucro– era la que realizaba sus pagos, lo que impedía considerarlos como trabajadores domésticos, es decir, de un hogar. Sin embargo, también señalaron que no podía definírselos como obreros azucareros  porque no participaban en la “formación del proceso en que se descomponía la industria del azúcar”. 

¿Qué nos permite conocer esta sentencia? ¿Qué riqueza tienen los fallos de la justicia laboral para los y las historiadoras? Nos ayudan a pensar en los significados históricos del trabajo, a reflexionar cómo en un determinado momento la sociedad define lo que entiende por trabajo. Así, Ricardo y Pedro consideraban justo acceder a los mismos derechos que los obreros de la agroindustria, es decir, para ellos el vínculo con la empresa, y no las tareas realizadas, definían su condición y derechos como trabajadores. Noción que el fallo desestimó. También nos permite explorar cómo, a mediados del siglo XX, la justicia laboral contribuyó a definir el trabajo de quienes realizaban tareas domésticas en las casas de los propietarios o del personal jerárquico del ingenio, en tanto los jueces consideraron que ser mozo o cocinero en la casa del administrador no implicaba ser un trabajador doméstico porque el servicio se brindaba a una empresa. Esta postura, que contrariaba los intereses de la patronal –porque reconocía la dependencia laboral de Pedro y Ricardo con el ingenio– también nos ayuda a entrever las intenciones de los empresarios del dulce, quienes procuraron definirlos como domésticos para eludir el reconocimiento de derechos, en tanto estos trabajadores carecieron de regulación laboral hasta 1956 (cuando accedieron, por ejemplo, a las vacaciones o licencias por enfermedad). Así, aunque la demanda de Pedro y Ricardo fue rechazada, el fallo no dejó de reconocerlos como trabajadores del ingenio, distanciándolos del vacío legal propio del servicio doméstico y acercándolos a ciertos derechos. Por último, este documento también ayuda a cuestionar la extendida imagen feminizada del empleo doméstico y posibilita conocer quiénes y cómo llegaron a desempeñar esas tareas en los ingenios.

Foto n° 2: La Nación Argentina. Justa, libre y soberana, Subsecretaría de Informaciones, Buenos Aires, 1950, p. 170.

 En síntesis, esta y otras sentencias de la flamante justicia laboral, permiten reponer los significados históricos del trabajo y las dimensiones del negociado proceso de construcción de derechos. Especialmente, posibilitan conocer las reivindicaciones y anhelos de estos trabajadores, las posibilidades y límites impuestos por la legislación vigente, la negociada forma en que se forjaron los derechos y el papel que desempeñó la justicia laboral en esa construcción.

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