La ficha criminológica como fuente histórica

Breves reflexiones desde la ficha 33.512 del Asilo Correccional de Mujeres (Buenos Aires, 1960)

por Luis González Alvo y Jorge Alberto Núñez

El 25 de mayo de 1960, durante los actos por el sesquicentenario de la Revolución de Mayo, llevados a cabo en la ciudad de Mendoza (Argentina), tres bombas caseras rompieron la monotonía de la ceremonia patria. Por ese hecho fueron detenidos numerosos militantes de la Juventud Peronista, entre los cuales se encontraba Lucía Angélica Quiroga de 22 años (Lucy), quien fue condenada por un tribunal militar –por “conspiración para la rebelión”– a un año de prisión en el Asilo Correccional de Mujeres de Buenos Aires, administrado entonces por la Congregación del Buen Pastor.

Ficha de clasificación n. 33.512, Museo Penitenciario Argentino Antonio Ballvé,

Lucy fue trasladada en un avión militar de Mendoza a Buenos Aires para cumplir su condena. Al ingresar a la cárcel se le otorgó un número de orden y se procedió al llenado de la ficha criminológica, invento previo al positivismo, pero catapultado a la fama por los seguidores de esa escuela. El positivismo, inclinado fuertemente a la recolección de datos, buscó reunir la mayor cantidad de información sobre los “delincuentes” (fueran estos condenados o no) a través de la elaboración de estadísticas, mediciones antropométricas y redacción de fichas. Partían de la noción de que, para estudiar la “criminalidad” a nivel social, se debía comenzar por el análisis de los datos propios de la historia clínica individual. Gracias a esa ficha llegamos al caso de Lucy y pudimos contactar a su hijo, Martín Orozco, quien nos ayudó con su testimonio a llenar algunas lagunas que se desprendían del análisis de la ficha, redactada por Sofía Pelliza de Calógero, médica del gabinete criminológico de la entonces Unidad 3 del Servicio Penitenciario Federal (SPF).

Las fichas constituyen valiosas pero muy complejas fuentes que poseen datos sobre las personas privadas de la libertad, que deben ser tomadas con sumo cuidado, por su contexto de elaboración. En este caso, la ficha de Lucy se conserva en el Museo Penitenciario “Antonio Ballvé” del SPF. La ficha presenta una joven de 22 años “inteligente, atenta, vivaz, arrogante, educada”, “charlatana pero correcta”, “nerviosa, sentimental, apasionada, tenaz, alegre y expansiva”. Interrogada por los sucesos del 25 de mayo, Lucy negó su participación en la colocación de las bombas y presentó una coartada para la noche anterior que fue verificada. Agregó que un oficial le dijo que “de todos modos iba a ser condenada: si no era por las bombas, sería por otra cosa”. Finalmente fue condenada por repartir panfletos.

Ficha de clasificación n. 33.512, Museo Penitenciario Argentino Antonio Ballvé,

En su familia, todos eran peronistas, excepto un tío, que era demócrata cristiano, pero “se respetan mutuamente las ideas” porque, según Lucy, “nadie es indiferente en materia de política”. El informe concluye que “su vida política nació con ella, pues sus convicciones, profundamente arraigadas, le fueron inculcadas desde su más tierna infancia. A los 14 años ya era prosecretaria de una Unidad Básica Peronista […] A los 16 años concurrió a la Escuela Peronista. A los 19, ya actuando en la oposición fue vicepresidenta de una Junta Seccional del Partido Justicialista. Por último, estuvo entre los organizadores de la Juventud Peronista y se desempeñó como tesorera de la misma, hasta su detención”.

Esta ficha nos permitió adentrarnos en un fascinante caso de militancia juvenil femenina de los años ’60 y pudimos contactar a su hijo, quien relató que la de madre de Lucy, Francisca Angélica Sagaz de Quiroga fue diputada provincial entre 1952 y 1955 y amiga personal de Eva Perón. Asimismo, la creación de la unidad básica en Mendoza respondió a una convocatoria de Eva que tenía como premio una motoneta. Así fue que Lucy fundó la unidad y, sin embargo, cuando quiso reclamar el premio, su madre lo rechazó, porque no le parecía apropiado recibir ese regalo siendo diputada, aunque su hija se lo había ganado en buena ley. Las fichas no siempre pueden darnos información tan personal, pero abren caminos, dan indicios y pistas para avanzar en el conocimiento, no sólo de la historia de la prisión y de sus habitantes, sino también del contexto social en el que esas fuentes fueron construidas.

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