El sexo gay en cuestión: «Lawrence v. Texas»

Cómo se despenalizaron las prácticas homoeróticas en Estados Unidos (parte 2)

por Miguel Ángel Sandoval García

El 17 de septiembre de 1998, a altas horas de la noche, Robert Eubanks —quien ese momento mantenía una relación romántica con Tyrone Garner, uno de los hombres homosexuales procesados— llamó al Departamento de Policía del Condado de Harris para denunciar de Garner “se estaba volviendo loco en su apartamento y que estaba armado”. Los oficiales entraron al edificio y subieron hasta el apartamento de Eubanks, quien los esperaba afuera. Sin demora, los comisarios tocaron la puerta para anunciar su presencia y notaron que estaba entreabierta. Al atravesar el umbral de la entrada, anunciaron nuevamente su presencia levantando la voz; nadie respondió. En ese momento un comisario entró a una habitación y quedó paralizado. Al notar la impresión de su colega, otro de los oficiales se aproximó a la habitación, prendió las luces y observó a dos sujetos teniendo sexo anal. Alarmado por lo que presenciaba, ordenó a los hombres detenerse  y junto a los demás oficiales procedió a esposarlos.

El arresto de John Geddes Lawrence, un hombre blanco de edad madura, y de Tyrone Garner, un joven afroamericano, no escandalizó a los habitantes de Houston. De hecho, no encontramos periódicos que informen sobre el suceso poco después de ocurrido. Lo anterior no era extraño en el historial de las Sodomy Laws, cuya aplicación –cuando llegaban a aplicarse–  tendía a pasar desapercibida. En este sentido, ¿por qué el arresto de Lawrence y Garner llegó a tener tanta importancia?

Una posible explicación tiene que ver con el lugar en donde se llevó a cabo la aprehensión: en un apartamento, es decir, en un espacio privado. Y es que las detenciones por prácticas homosexuales en el estado Texas casi siempre tuvieron lugar en el espacio público, en el que podían “atentar” contra los valores morales y las costumbres de los demás ciudadanos.

Otra explicación es que Lawrence y Garner recibieron el apoyo jurídico de organizaciones en favor de los derechos LGBT+ que veían en su caso una oportunidad para disputar la constitucionalidad de la Ley antisodomía de Texas, una disposición raramente aplicada, pero que se mantenía vigente. De hecho, el juicio de “Lawrence vs. Texas” cobró importancia cuando los acusados decidieron, bajo recomendación de grupos activistas por los derechos LGBT+, apelar la decisión de un tribunal menor y llevar su caso a la Suprema Corte de Justicia.

         El escándalo que supuso la apelación del caso “Lawrence v. Texas” ante la Suprema Corte de los Estados Unidos dio lugar a fuertes debates en la prensa y en los cafés. William Safire, un articulista invitado del New York Times, por ejemplo, comentaba que la decisión del máximo tribunal estadounidense —y que falló en favor de Lawrence y Garner— era acertada en cuanto constituía una defensa del derecho universal a la privacidad (hay que recordar que la detención se había hecho en un espacio privado). Sin embargo, mostraba su preocupación por la posibilidad de que Estados Unidos acabara aceptando el matrimonio homosexual, como ya había ocurrido en algunas provincias de Canadá.

De igual modo, Cal Thomas, un editorialista del Austin American Stateman, mostraba su preocupación ante la posible abrogación de la Ley antisodomía texana. En su opinión, de lograrse el objetivo de la comunidad homosexual, se legalizarían otras conductas “inmorales”, como la poligamia o la pedofilia. Por otro lado, el hecho de extender la protección de la que históricamente se habían beneficiado las parejas heterosexuales a las homosexuales podría desembocar en una distorsión en la idea del matrimonio y, por lo tanto, dar lugar al temido matrimonio homosexual.

En respuesta a la editorial de Cal Thomas, Claude M. Gruener, lector del Austin American Stateman, argumentó que la Ley antisodomía texana permitía el sexo anal entre personas de diferente sexo, pero no entre dos hombres, lo que la hacía discriminatoria  “¿Por qué –preguntaba Gruener– a los homosexuales se les debería de prohibir lo que a los heterosexuales se les permite?”  También opinaba que el matrimonio ya estaba en riesgo desde antes y  por otras causas, como la inmadurez de quienes contraían nupcias y los divorcios. La despenalización de la sodomía en Estados Unidos en 2003 demuestra cómo los derechos, al contrario de lo que comúnmente se opina, sí se discuten y sí se ganan. El hecho de que hoy en día la homosexualidad sea legal en el hemisferio occidental no quiere decir que su aceptación haya sido consecuencia de un proceso lineal o “natural”. Al contrario, el reconocimiento de la homosexualidad es, en buena medida, producto de décadas de lucha y resistencia civil.

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