El vino también es cosa de mujeres

por Juan Manuel Cerdá

Durante mucho tiempo se ha sostenido que el vino era parte del mundo de los hombres y que las mujeres estaban sólo en algún brindis tomando alguna “copita de vino” o como imagen de deseo asociada a sus características físicas. Esta idea se ha ido desvaneciendo como un castillo de naipes en los últimos años.

Sin lugar a duda, las mujeres son parte importante del mundo del vino, y ya no sólo como imagen o consumidoras esporádicas sino, también, como sommelier, influencers, presidentas de grandes marcas, enólogas, agrónomas y productoras de vides, o sea como hacedoras de una de las bebidas más antiguas de occidente.  Esto que parecería ser una novedad en los tiempos que corren, no lo es. Hay muchas mujeres que han hecho historia en el mundo del vino desde tiempos inmemoriales. Aquí no pretendemos hacer un recorrido exhaustivo sino sólo mencionaré algunos casos ilustres -y otros no tanto- que dan cuenta de su importancia en este sector.

La primera mujer recuperada por la historia del vino en lo que hoy es Argentina es Doña Melchora Lemos (1691-1744), quien se convirtió en la primera dueña de bodegas en Mendoza. Esta mujer pertenecía a una familia aristócrata de la época que por medio de herencia recibió una bodega y algunas viñas. Según cuenta la historia, y a pesar de las dificultades sociales que implicaba ser dueña de una bodega en el siglo XVIII, llevó adelante su negocio con mucho éxito y obtuvo muy buenos resultados. Quizás este haya sido el comienzo de una larga historia de mujeres que han dirigido bodegas en la Argentina y que continúan en el presente. Por otro lado, con el desarrollo de la vitivinicultura industrial -a finales del siglo XIX- el sector necesitó de más brazos para trabajar la tierra. Si bien es difícil encontrar datos sobre propietarias o dueñas de viñedos, la vitivinicultura es una de las actividades donde el trabajo familiar está muy arraigado. En el caso de la Provincia de Mendoza –ubicada en el centro-oeste de la Argentina y donde se concentra el 70% de la producción de vinos argentinos- una de los actores centrales de su desarrollo a finales del siglo XIX fue la figura del contratista de viñas, dedicado a la plantación y al cuidado de las vides. Esta categoría de contrato de trabajo incluía a toda la familia. En este sentido, la mujer (y los hijos/as) formaban parte de dicho contrato, constituyendo así una unidad productiva valorada por el dueño de la tierra. Esta información se puede recuperar a través de los avisos de diarios, así como en las imágenes de la época.  

Archivo General de la Nación. sección fotografía. Autor: Villallón (31/03/36). En el reverso de la foto hay una frase escrita a mano que dice: “de regreso al hogar, estas madres –aunque entregada al trabajo rudo- tienen el consuelo de no separarse de sus hijos.»

También, en los últimos años, las mujeres han cumplido un papel muy importante como sommelier o divulgadoras del vino. A partir de los años 1970 y 1980 comenzamos a ver cómo mujeres ocupan lugares centrales en los diversos espacios donde se comunica y difunde el vino. Sin embargo, esto no se dio de forma fácil. Cuenta “la Checa” (periodista de vinos) que por aquellos años comenzó a trabajar como divulgadora de vino en uno de los diarios más importantes de Argentina pero lo debía hacer con un seudónimo masculino (Manuel La Salle) en una columna que se llamaba hominies (hombre en latín).  Esto muestra ciertas pervivencias -y las tensiones- de la idea del mundo del vino asociado a la idea de masculinidad occidental.

Por último, pero no por eso menos importante, las enólogas y agrónomas han visto transitar su vida laboral entre hombres. Las experiencias son muy variadas, pero sin lugar a duda, el conocimiento técnico, las credenciales universitarias y el desarrollo profesional han sido la puerta de entrada de estas mujeres al “mundo del vino”. Este mundo tan de hombres también está hecho por las manos de miles de mujeres (jóvenes, niños y niñas) que a lo largo del tiempo han participado en todo el proceso productivo. Si bien esto no debería ser algo novedoso la invisibilización del trabajo femenino (y de sus familias) en las tareas productivas del sector vitivinícola ha llevado a un desconocimiento de su importancia a lo largo del tiempo. Echar luz sobre estos aspectos es un gran desafío ya que los datos son escasos y fragmentados pero, sin lugar a dudas, posibilitará tener un conocimiento más complejo del mundo del vino.

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