Sobre una ciudad que triunfa en su derrota: Puebla, 1863

Una novela de Iván López Gallo

por Alicia Salmerón

La historia patria mexicana tiene entre sus fechas conmemorativas más preciadas el 5 de mayo de 1862. La batalla de Puebla que se recuerda ese día simboliza uno de los actos más heroicos de defensa de la nación frente a un agresor externo.  Bajo el mando del general Ignacio Zaragoza, el ejército republicano resistió a las fuerzas francesas de Napoleón III que invadieron el país. Si bien la intervención militar extranjera se extendió por territorio mexicano durante más de un lustro, el triunfo en esa primera gran batalla fue muy importante: logó retrasar por un año la llegada de las tropas invasoras a la capital del país. Empero, un año después, entre marzo y mayo de 1863, Puebla sería sitiada por las huestes francesas y caería en sus manos. La plaza asediada fue escenario de gran sufrimiento: resistió 62 días, pero a un alto costo de vidas humanas, destrucción y desolación. Los combates terminaron en derrota y la caída de esa plaza abrió la puerta a la toma de la capital. El afán imperialista del enemigo y su superioridad militar terminaron por abrirse paso, controlar la región central de México y apoyar la instauración de un régimen monárquico a costa de la república, un régimen encabezado por un príncipe austriaco: Maximiliano de Habsburgo. Este segundo episodio –el del sitio y caída de Puebla en 1863– no se puede festejar, pero tampoco se recuerda. No lo suficiente. El triunfo del 5 de mayo de 1862 domina la memoria pública.

¿Difícil dar cuenta de heroicidad en un escenario dominado por el sufrimiento, en una ciudad cercada, hambrienta, enferma? La novela de Iván López Gallo afirma precisamente lo contrario: propone la historia de este sitio como una gesta épica digna de ser rememorada; busca recobrar la hazaña que significó resistir al sitio durante dos meses, aunque la plaza haya sido rendida. Dirigida a un público amplio –con buen provecho del gusto por las novelas históricas en nuestros países–, 1863, el sitio y la caída de Puebla (México, BUAP, 2020) hace suya la tragedia vivida para rescatarla del “fondo del baúl de nuestra historia» y reconocer así el sacrificio de quienes, en Puebla, se enaltecieron a pesar de su desventura, a la manera de «una Numancia que no se rinde, una Numancia que triunfa en su derrota».

La novela de López Gallo recrea un momento y una tragedia desde un género literario que le permite entreverar con libertad la historia de personajes ficticios con los decires y acciones de otros que tuvieron una existencia real. De esta manera, reproduce páginas de un supuesto documento testimonial escrito 30 años después del sitio por un tal Severo Cruz, personaje inventado, y de su correspondencia con otro igualmente imaginado –Eduardo Vega–, al lado de fragmentos de un comunicado de Ignacio Zaragoza, un telegrama del general Jesús González Ortega, unos párrafos de las memorias de Porfirio Díaz y una carta de Napoleón III al conde de Lorencez, todos ellos personajes reales que tuvieron su lugar en aquellos aciagos años de la intervención francesa en México. Por este camino López Gallo construye un relato verosímil, si bien armado desde la ficción.

El autor se sirve de los personajes inventados para acercarse, más allá de los hechos de armas, a la manera en que la gente del común –soldados rasos y oficiales de bajo rango, así como habitantes de Puebla– debieron haber vivido el asedio, los bombardeos, la crueldad, el hambre y el miedo. Se interesa por su existencia interior. Se propone explorar la condición humana y se sirve para ello del género novelístico. Su libro no es historia, es ficción, pero una ficción enmarcada en un escenario real que habla de un mundo posible. Y desde ahí, a más de explorar el mundo interior de sus personajes, López Gallo hace una ofrenda a quienes sufrieron, en el mundo real, en defensa de su ciudad, de su país. Así, dice el autor en el epílogo del libro: «Sirvan estas líneas para hacer un homenaje a los valientes que lucharon y se sacrificaron por México en 1863, el año que parecía que la república iba a desaparecer».

Deja un comentario