Sobre la importancia de estudiar comandancias decimonónicas

por Joaquín E. Espinosa Aguirre

En días recientes, Carlos Ernesto Saldaña compartió una reflexión en este mismo espacio (https://blogatarraya.com/2023/06/26/las-comandancias-generales-en-mexico-siglo-xix/) en la que abordaba la relevancia que tiene el estudio de las comandancias militares durante las primeras décadas del México independiente; planteamiento con el que no puedo estar más de acuerdo. La historia del siglo XIX fue principalmente la de los enfrentamientos armados; siglo de caudillos –como fue llamado por un escritor– que no podría ser satisfactoriamente estudiado sin poner especial atención en los jefes regionales que protagonizaron esos enfrentamientos, pero sobre todo en las condiciones sociales, políticas y territoriales que permitieron tal protagonismo. No por nada un gran especialista en la historia del ocaso virreinal de Nueva España como es Brian R. Hamnett señaló que durante la guerra civil de 1810 los comandantes contrainsurgentes se convirtieron en auténticos sátrapas de sus regiones de influencia. Claramente esto trascendió más allá de la declaración de independencia de 1821.

Saldaña Nájera se refiere a la peculiaridad de la Comandancia del Sur y Rumbo de Acapulco –futuro territorio del estado de Guerrero–, y si bien en mi caso me he centrado mucho más en la Comandancia de Guanajuato (Espinosa Aguirre, 2022, https://www.academia.edu/91531004/Que_se_organicen_sus_pueblos_Agust%C3%ADn_de_Iturbide_y_la_contrainsurgencia_en_la_comandancia_de_Guanajuato_1813_1816_), lo cierto es que, a grandes rasgos, estas demarcaciones guardaron cierta similitud a lo largo del territorio y de las épocas –espacio y tiempo–. Podría decirse que comandancia en el XIX significaba una jurisdicción militar que tenía una organización territorial determinada y delimitada –aunque no fija–, que contaba con una cantidad de fuerzas dedicadas a protegerla y que tenía además una autoridad superior que mandaba por sobre todos sus cuerpos armados, siguiendo una jerarquía muy clara. Se trata de un término que nos viene de la documentación misma, no obstante de que parecieran ser jurisdicciones casuísticas, ya que no estaban fundadas en ordenanzas o reales provisiones particulares sino en la “imperiosa ley de la necesidad”, atendiendo las características puntuales y exclusivas de cada distrito, en relación con su cartografía, condiciones climáticas y poblacionales, así como a las circunstancias militares que le presentara un momento determinado. Por tanto, también eran movibles y readaptables.

Además, es de prestar atención al hecho de que estas demarcaciones podrían sobreponerse con otras, por ejemplo, de carácter administrativo, fiscal y religioso, al tiempo de convivir –coexistir– con espacios territoriales defendidos por los enemigos bélicos –máxime si se trata de una guerra–. Por ejemplo, las comandancias virreinales durante la guerra de independencia tuvieron en algunas ocasiones su espejo en comandancias insurgentes, las que tenían una función muy similar a la suya debido a que la impronta era la misma: el dominio de los recursos de una cierta localidad, así como de su posicionamiento estratégica –eso sin mencionar las afectaciones a la población civil como ha destacado Nicolás Llantén (https://blogatarraya.com/2023/06/05/es-preferible-hablar-de-historia-de-la-guerra/)–. En el tablero de la guerra, las comandancias representaron la cuadrícula que los jugadores estaban deseosos de dominar, y de su estudio puntual podrá extraerse un mejor entendimiento de las luchas de aquellos años.

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