Veracruz, 1683
por Jairo Eduardo Jiménez Sotero
El puerto de Veracruz ha sido históricamente la puerta de entrada de México desde su fundación en el siglo XVI. Su importancia geoestratégica y comercial lo erigieron como el puerto mas importante de Nueva España, posición de preeminencia que conserva hasta el día de hoy, erigiéndose como el punto de comercio marítimo internacional más importante del país. El valor de la provincia de Veracruz como enclave militar fue incuestionable durante el periodo novohispano. De su pronta y correcta defensa dependía en buena medida el aseguramiento del virreinato, pues desde ese punto se solían planear las estrategias de resguardo que, desde luego, tenían que ver con las fuerzas militares que allí se destacaban. Dicha importancia histórica hizo que la rada veracruzana fuera a lo largo del tiempo objeto de diversas incursiones piráticas, como la de 1683. El 17 de mayo de ese año el legendario corsario holandés Laurens de Graff, Lorencillo, junto con sus hombres, atacaron el puerto de Veracruz, situación que indudablemente debió causar sorpresa y temor. Esto, a su vez, originó una respuesta por parte de las autoridades novohispanas alentando a la población para recurrir a la defensa de la ciudad. Es en este punto donde emerge un importante personaje, un pardo libre llamado Matheo de la Serna.
Unos días después de los hechos, Juan de Henestroza, corregidor y capitán de Guerra en la ciudad de Oaxaca hizo una relación de los eventos en que los corsarios de Lorencillo atacaron Veracruz. Henestroza era por su cargo el responsable de la seguridad de la vecina Oaxaca, área que por su cercanía geográfica y conexiones con Veracruz debió aportar hombres para la defensa armada de la región costera del golfo novohispano. Por tal motivo fue necesario reunir una fuerza militar frente al temor de una posible nueva incursión. En un documento que se resguarda en el Archivo General de la Nación (AGN) ramo de Instituciones coloniales, Real Acuerdo, Henestroza señala que todos los vecinos de Oaxaca y Veracruz debían concurrir a la defensa, presentándose en total 278 mulatos y negros libres. De entre todos estos hombres, el corregidor destaca la figura de Matheo de la Serna, pardo libre y uno de los primeros alistados al llamamiento, dueño de una recua de mulas quien brindó sin restricción su vida y pertenencias para armar a los pardos. En reconocimiento a sus actitudes y disposición militar, Henestroza nombró a de la Serna capitán de la Compañía, pues juzga claro que en él concurren todas las aptitudes, características y cualidades necesarias para el nombramiento. Esto era a todas luces un reconocimiento social para, el ahora, capitán de la Serna.
El corregidor enfatiza que de la Serna ofreció sin reservas utilizar sus caudales y dinero al servició del soberano, llevando y conduciendo a su costa la fuerza de infantería hasta la “nueba Veracruz”. Henestroza señala que se “nombro por capitan de dicha Compañía de mulatos y negros libres”a Matheo de la Serna ordenando en todo momento“Respeten y teman y obedescan Como a su capitan observando Sus ordenes so pena que prosederes Contra los Ynobedientes por todo Rigor de derecho, a usansas de Guerra ata queo tras Cossas”.
La prestancia en el servicio y el desapego aparente de Matheo de la Serna por sus bienes materiales en beneficio de la monarquía, desde luego, evidencian un interés claro por posicionarse como un súbdito y vasallo reconocido y respetable ante el rey. En este sentido, el servicio militar incondicional fue utilizado por de la Serna como un medio para adquirir respetabilidad ante la sociedad novohispana de la costa del golfo frente a un evento como el ataque corsario de 1683. El servicio militar y el financiamiento de su propia compañía no era gratuito ni desinteresado, pues le serviría en el futuro, quizás, como una herramienta de negociación política y económica. Esta situación evidencia, a todas luces, que en el siglo XVII los afrodescendientes novohispanos como de la Serna entendían su papel como agentes, como personas con capacidad de acción y negociación, quienes, llegando el momento y circunstancias adecuadas, podrían obtener importantes beneficios.
