La seguridad de las monedas en el siglo XVIII

por Manuel Galán Medina

La existencia de elementos de seguridad tanto en billetes como en monedas, no es algo particularmente reciente. Sin lugar a dudas, una de las primeras ocasiones en que se tomó una decisión para aumentar la seguridad de las monedas acuñadas en nuestro país fue durante la Colonia, específicamente en el siglo XVIII. Me refiero en particular a la acuñación de las monedas conocidas como “Columnarias” o de “Mundos y Mares” (imagen 1).

La Columnaria mexicana fue la primera moneda acuñada en América utilizando maquinaria que permitiese un perfil completamente redondo. Las monedas antecesoras, llamadas “Macuquinas” eran acuñadas a golpe de martillo, procedimiento que hacía difícil que la totalidad de la impronta se transmitiera al cospel, por lo que incluso en algunos casos las iniciales de los ensayadores no quedaban grabadas.

Fue durante el segundo período del reinado de Felipe V, de 1724 a 1746, cuando se decidió impulsar la modernización tanto de la administración como de la tecnología de acuñación de monedas, tanto en España como en todos sus reinos ultramarinos. La máquina que permitió la acuñación de monedas redondas fue la prensa de volante. Una de las características de las Columnarias, fue la inclusión de un cordón laureado en su canto, siendo la primera moneda acuñada en América con este elemento de seguridad. El cordón no era acuñado en la prensa de volante, sino en un paso previo que añadía este elemento al cospel, mediante una máquina adicional conocida como “cerrilla”.

La cerrilla o máquina de Castaing, consiste en dos reglas de acero paralelas (imagen 2), una fija y otra móvil, entre las que los cospeles son forzados a girar. En las piezas que tienen contacto con la moneda, se ha grabado previamente el dibujo que se desea imprimir en los cantos de las mismas, diseños que son transmitidos al canto al girar las monedas bajo presión (imagen 3). Dicho procedimiento hace que los grabados de las dos reglas se empalmen, y generen dos pequeñas uniones diametralmente opuestos. La cerrilla existía en Europa a finales del siglo XVII, y fue utilizada por Isaac Newton para incluirla en las monedas inglesas cuando se encontraba encargado de la Casa de Moneda en Londres y luchando contra una de las más grandes falsificaciones existente en ese momento en Inglaterra.

El propósito de este elemento, además de su valor ornamental, era de seguridad para evitar el cercenamiento de la moneda, que consistía en limar o recortar pequeñas porciones de metal de las orillas de las monedas, para luego re-introducir este metal falsificando monedas o revendiendo los metales preciosos así obtenidos.

Este elemento podía ser verificado por cualquier usuario, por lo que muchos países decidieron incluir en sus monedas un canto decorado o parlante, como se refieren cuando lleva leyendas escritas, fue tan útil este invento para combatir la falsificación de monedas con valor intrínseco, que se considera el canto como una tercera superficie para incluir elementos de seguridad.

La seguridad que otorga este elemento se ha hecho patente inclusive hasta nuestros tiempos, combatiendo la falsificación de monedas antiguas. La existencia del “cordón” les presenta retos importantes a los nuevos falsificadores, que utilizando inclusive las mismas dimensiones y la misma “ley” o composición de plata en las monedas falsificadas, el cordón en algunos casos se vuelve el elemento determinante para separar una moneda falsa de una auténtica.

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