por Miguel Ángel Vásquez Meléndez
Originario de España, llega a la capital mexicana en 1865 y, entre sus múltiples actividades, emprende la recopilación de fuentes acerca de los espectáculos públicos capitalinos, para conformar la Reseña Histórica del Teatro en México, aparecida en folletines entre 1880 y 1884, en el periódico La Iberia. A diferencia de sus contemporáneos, críticos y cronistas concentrados en labores descriptivas, en este compendio Olavarría y Ferrari precisa como a lo largo de la historia se entrelazan las diversiones con los acontecimientos sociales.
En 1895 publica la segunda edición de la Reseña, donde trasluce, con mayor amplitud, un boceto de la evolución social a partir de los espectáculos públicos, principalmente de las representaciones líricas y dramáticas, a lo largo de cuatro siglos.
Al principio de su escrito exalta las labores de los misioneros, al considerar la trascendencia de las funciones con temas religiosos, en los orígenes de la escena novohispana. Lo cual propicia el arraigo del teatro moralizante durante las tres centurias coloniales. Considerado en la actualidad parte de la llamada “conquista espiritual” y evidencia de los mecanismos de control social.
Luego narra la intención de los intelectuales y gobernantes de crear un arte con raíces mexicanas, sin menosprecio de las influencias extranjeras “positivas”. Un anhelo expresado con mayor intensidad al principio de la época independiente y durante la restauración de la República. En nuestros días, asociado por los estudiosos de la cultura nacionalista con el impulso de la arquitectura y la pintura, principalmente, y poco menos con el teatro.
Para el análisis del fomento de la escena nacional, Olavarría propone, implícitamente, considerar la construcción de teatros y la producción dramática. Dos temas factibles para las investigaciones posteriores sobre la identidad teatral en la etapa del liberalismo triunfante.
Finalmente, en el último lustro del siglo XIX advierte un periodo lejano a los ideales del sector de escritores románticos liberales, al que pertenece. Refiere que los programas dramáticos y de ópera son repetitivos y con poco público, distinto a los novedosos espectáculos modernos, como las proyecciones (antecedente del cinematógrafo), las demostraciones deportivas y el circo. De ahí el gusto creciente de los espectadores por los programas de estas variedades, semejantes a las recreaciones populares, a su juicio, sin calidad artística, y distintas al “teatro culto” con fines didácticos y normativos. En consecuencia, desde el ámbito de los espectáculos revela la transición hacia la modernidad porfirista y sus contradicciones internas.
De 1896 a 1911 Olavarría y Ferrari redacta un manuscrito para la tercera edición de su compendio. Entre los acontecimientos significativos de 1901, anota los preparativos para la inauguración del “Parque Porfirio Díaz”, un espacio construido con capital extranjero, donde las representaciones teatrales ocupan un lugar secundario. En consecuencia, advierte el declive de las funciones líricas y dramáticas, a diferencia, de lo que califica, espectáculos de simple entretenimiento, con intereses mercantilistas y sin fines instructivos y “civilizatorios”.
La Reseña Histórica del Teatro en México es considera una obra de consulta, sobre todo a partir de que la tercera edición de 1961que cuenta con índices temáticos, lo mismo que la reimpresión de 2002. No obstante, la lectura integral de esta obra invita a considerar la historia de los espectáculos en interrelación con los acontecimientos culturales, sociales y económicos.
