Experiencias de resistencia y solidaridad obreras. Argentina, 1959
por Abigail Robles Solange
La reapertura democrática que se llevó a cabo en Argentina en 1958, luego de la dictadura militar que derrocó al gobierno de Juan D. Perón (1955-1958), permitió el arribo de Arturo Frondizi a la presidencia de la nación (1958 – 1962), candidato de la Unión Cívica Radical Intransigente.
El primer año de gestión de Frondizi se cerró con una alta conflictividad sociolaboral, estimulada por su política económica que implicó una reducción del gasto público, ajustes en los tipos de cambio, devaluación de la moneda y otras series de disposiciones que deprimieron los salarios de los trabajadores. En este contexto, las huelgas obreras se convirtieron en una pieza clave del complejo escenario político y el lugar que ocupó el sindicato de la Unión Ferroviaria fue significativo. Este gremio cuenta con una larga e importante trayectoria de luchas y conquistas dentro del movimiento obrero. La central del sindicato se encontraba en la Capital Federal y contaba con seccionales en todo el país. Agrupaba desde señaleros, personal de vías y obras hasta trabajadores de talleres ferroviarios, dentro de este último grupo se ubicaban los obreros de los Talleres de Tafí Viejo de la provincia de Tucumán, ubicada al norte del país.
El sindicado ferroviario atravesaba en ese momento una difícil situación debido al fracaso de una huelga convocada por reclamos salariales y mejoras en las condiciones de trabajo, en noviembre de 1958, por lo que el gobierno nacional decidió intervenir al gremio y decretar la movilización militar del personal ferroviario. Esta decisión implicaba que los trabajadores adquirían estado militar y quedaban sujetos al Código de Justicia Militar. Bajo una estricta vigilancia militar, el número de obreros arrestados creció en todas las seccionales del país, por lo que estos trabajadores tuvieron un escaso margen de acción.

El plan económico de Frondizi incluyó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el cual fomentaba la entrada de capitales extranjeros al país acompañada de una serie de privatizaciones. Sobre ese telón de fondo, se decidió la privatización del Frigorífico Lisandro de la Torre, ubicado en el barrio Mataderos de la Capital Federal, lo que provocó el rechazo del movimiento obrero y una huelga general, en enero de 1959, que paralizó al país. La reacción del gobierno fue severa y reprimió con dureza a los sindicatos en huelga. El delicado estado de los gremios ferroviarios a nivel nacional condicionó su participación en la medida de fuerza, por lo que no se involucraron en medidas de fuerza o acciones colectivas, especialmente, en un contexto signado por la movilización militar.

Sin embargo, esta situación no detuvo a los talleres de Tafí Viejo, cuyos trabajadores se plegaron a la huelga general y abandonaron sus actividades los días que duró la protesta. Mientras que el gremio a nivel nacional y el resto de los ferroviarios de Tucumán se abstuvieron de participar, los obreros taficeños desafiaron al gobierno nacional y sus medidas de privatización y represión demostrando su espíritu combativo y compromiso con la clase trabajadora. De esta forma, los ferroviarios de la provincia más pequeña del territorio argentino, hicieron frente a un paradójico Estado “democrático” que se valió de mecanismos coercitivos de control para someter a la clase trabajadora argentina.
A kilómetros de distancia, el cruce de estas acciones de resistencias expresa las tensiones y medidas represivas que afectaron a la clase trabajadora. Las consecuencias para la seccional taficeña fueron inmediatas y las autoridades militares buscaron la detención de los dirigentes del gremio y reforzaron la vigilancia en los talleres y sus alrededores. Hasta el día de hoy la toma del Frigorífico Nacional Lisando de la Torre quedó registrada en la memoria colectiva como un símbolo de resistencia y la acción de los obreros ferroviarios tucumanos como un símbolo de solidaridad obrera.
