Una forma de volver al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo

De vidas y trayectorias, I

por Diego Agustín Ledesma

Contar la historia de una vida es una de las formas más antigua de hacer historia. Esta manera de narrar fue dejada de lado en pos de estudiar grandes problemas, estructuras o largos procesos que implicaban siglos o abarcaban varias generaciones. La despersonalización de la historia se mantuvo hasta las últimas décadas del siglo XX cuando se cuestionaron los grandes paradigmas (positivismo, marxismo y estructuralismo) y, al igual que un espejo que se cae y se rompe, el objeto de estudio histórico se fragmentó. Esta fragmentación puso en relieve perspectivas que invitaron a revisitar la historia. En este proceso de búsqueda y escritura, el sujeto volvió a tomar un lugar relevante en la disciplina, condicionado, más no determinado, por las actitudes, estructuras o imaginarios en los que estaba inserto.

El estudio de trayectorias fue una de las alternativas vinculadas a este giro historiográfico, perspectiva preocupada por revalorizar a los actores sociales y recuperar la complejidad de los vínculos, tensiones e incertidumbres que atravesaron y definieron su derrotero. A decir del historiador francés Jacques Revel, implica recuperar la “experiencia común” de actores que, como nos ocurre a nosotros mismos, tuvieron la sensación de tener que escoger entre diversas soluciones.

Las incertidumbres y las tensiones previas a la toma de una decisión, así como los múltiples caminos de elección y posibilidad que en determinada coyuntura se presentan a los actores, fueron repuestos como problemas históricos. De esta forma, el estudio de una trayectoria de vida revisita procesos largamente estudiados, pero lo hace para incorporar matices y reponer particularidades. La historia de vida como alternativa historiográfica resulta sugerente para estudiar diversos problemas, por ejemplo, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) que se conformó en Argentina en 1968. Este Movimiento fue un colectivo sacerdotal que asumió las disposiciones del Concilio Vaticano II (que buscaron adecuar los preceptos de Iglesia Católica a la luz de las transformaciones de mediados del siglo XX, crítico tanto del sistema capitalista como del comunista) y adquirió protagonismo a partir de las intervenciones políticas y sociales de los curas en las distintas diócesis del país. Protagonismo que se sostuvo hasta 1973 (1974 en algunas regiones), cuando las tensiones políticas e ideológicas al interior del MSTM y el contexto represivo de creciente violencia terminaron por disolverlo.

Misa oficiada por el sacerdote Amado Dip al finalizar una movilización. Febrero de 1972, La Gaceta. Archivo de La Gaceta. Tucumán

En la provincia de Tucumán, ubicada en la región del noroeste argentino, la actividad de estos curas estuvo ligada al colapso azucarero. El cierre de 11 de los 27 ingenios que tenía la provincia significó la mayor crisis social y económica de la historia tucumana. En ello, las confluencias en torno a la defensa de los puestos de trabajo y, en términos amplios, de una forma de vida comunitaria, contó con la presencia de los sacerdotes que se vieron interpelados por la crisis. En ese sentido, el MSTM fue un espacio de contención para los curas comprometidos, les proporcionó visibilidad y legitimidad para denunciar e intervenir en la escena y la posibilidad de vincularse con diversas organizaciones obreras, estudiantiles y políticas.

El MSTM fue un colectivo heterogéneo marcado por la diversidad de experiencias de sus integrantes: distintas edades, formaciones y diferentes grados del compromiso asumido. Hubo sacerdotes que fundaron el Movimiento, lideraron movilizaciones y ocuparon un lugar en el organigrama del colectivo; otros únicamente adhirieron a algunas declaraciones; algunos asistieron a las reuniones, pero no firmaron ningún documento y también existieron curas cuya participación fue intermitente y esporádica. Volver sobre sus trayectorias implica preguntarnos: ¿qué los llevó a formar parte del MSTM? ¿Cuáles fueron sus motivaciones comunes? ¿Qué determinó su mayor o menor compromiso? Es allí, en esa heterogeneidad, donde un abordaje desde las trayectorias adquiere relevancia.

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