De vidas y trayectorias, II
por Diego Agustín Ledesma
El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) fue un colectivo heterogéneo formado a fines de la década de 1960 en Argentina, marcado por la diversidad de experiencias de sus integrantes. Abordarlo desde un estudio de trayectorias, permite recuperar los vínculos, tensiones e incertidumbres y revalorizar a los actores sociales. En la provincia de Tucumán (Argentina), uno de sus principales referentes fue el sacerdote Amado Dip.

Dip nació en Tucumán en 1920. Al igual que sus dos hermanos mayores, David y José, fue llamado por la vocación sacerdotal e ingresó al Seminario Mayor de Catamarca. En 1940, José, quien estaba becado por el obispado para realizar un doctorado en la Universidad Pontificia de Chile, falleció repentinamente. Por recomendación del obispo de Tucumán, la beca fue transferida a Amado, su sobrina recuerda que: “Cuando el obispo planteó a la familia que el tío Amado tenía que ir a doctorarse en Chile, mi abuela se opuso a muerte y le dijo ‘yo le entregué a un hijo y usté no devolvió ni cadáver’”. Con todo, Amado viajó a Chile y se doctoró en Teología en el año 1946. Al año siguiente, fue ordenado sacerdote. En 1956 se le ordenó la construcción de una parroquia en el barrio Ciudadela (situado en la capital provincial) a la que puso el nombre de “San Pío X”. En ese espacio, forjó un perfil cercano a los vecinos de la barriada, atento a sus problemas y se constituyó como una figura relevante. Quienes lo conocieron en Ciudadela lo recuerdan como un “cura gaucho”.
Para 1966, el cierre de 11 de los 27 ingenios que tenía Tucumán desató la mayor crisis económica y social de la historia provincial, que afectó especialmente a los pueblos cuya vida se había desarrollado en torno a las fábricas. En ese contexto, la actividad de Amado Dip se extendió a los pueblos, en solidaridad con los párrocos de esas comunidades. Cuando Pedro Wurschmidt, párroco del pueblo azucarero de San Pablo, difundió el “Manifiesto de los 18 obispos del Tercer Mundo” (que reflexionaba sobre la pobreza y desigualdad en el Tercer Mundo) entre los sacerdotes, la identificación de Dip con los planteos fue inmediata. En 1968, con la formación del MSTM, Wurschmidt asumió como coordinador y Dip tuvo el cargo de secretario regional.

El MSTM fue un marco de acción y contención, una base desde la cual poder apoyar a las comunidades azotadas por la crisis. Así, Dip acompañó a los curas en las movilizaciones organizadas en los pueblos de Bella Vista, Villa Quinteros y los Ralos y firmó todas las declaraciones que buscaron visibilizar la crítica situación. A su vez, abrió las puertas de su parroquia como un escenario desde el cual poder llevar el mensaje de los pueblos hacia la capital provincial y lograr una mayor difusión del tremendo impacto de la crisis.
Aun así, las tensiones fueron constantes. ¿Hasta dónde podía llegar el compromiso? ¿Cuánto podía tirar de la cuerda sin llegar a una sanción? La relación de Dip con la cúpula de la Iglesia fue ambivalente. En 1967 la arquidiócesis estuvo a cargo del vicario Víctor Gómez Aragón quien no confrontó con los sacerdotes renovadores e, incluso, apoyó algunas de las declaraciones. En mayo de 1968, asumió el arzobispo Blas Conrero, con mandato de pacificar al clero tucumano. El uso del término “pacificar” en las noticias de la época nos habla de un clero agitado, que estaba participando y organizando las resistencias de los pueblos. El arzobispo mantuvo una posición negociadora y Dip pudo empujar algunos límites. Buscó el “justo medio” en la tensión entre la necesidad de intervenir en la coyuntura y el mandato que significaba su pertenencia a la institución eclesiástica.
