Proyectos hidráulicos y de sociedad

por Fernando Aguayo

La persona representada ocupada en manipular una máquina sobre el suelo de la Ciudad de México se llama Sebastián Pane. El equipo de perforación que se esboza en la caricatura es el “método chino” que patentó el propio Pane en el año de 1853 para taladrar pozos y con el cual, según la imagen, se arrojaría el agua que inundaba la capital hasta el otro lado del mundo, hasta China.

Constantino Escalante, “Proyecto de pozos absorbentes para el desagüe del Valle de México”, México, La Orquesta, 14 de octubre de 1865.

Como lo indica el pie de la imagen, se caricaturiza uno de los muchos proyectos que se presentaron para intentar solucionar uno de los problemas considerados más importantes por los mexicanos de otros tiempos: la probable inundación del Valle de México.

Publicaciones periódicas y textos científicos editados en el siglo XIX expresaban que las posibilidades de que la capital de la nación acabara bajo las aguas era un peligro real, por esta razón se realizaron multitud de estudios y se presentaron planes de ingeniería que significaron la erogación de gran cantidad de recursos de los fondos nacionales.

Durante mucho tiempo la propuesta más persistente para evitar el peligro de inundación de la Ciudad de México había sido el del “desagüe del Valle”. Si bien uno de los primeros logros de este proyecto fueron las obras del régimen porfirista, el problema persistió y lo mismo que en el siglo XIX, los gobiernos del XX continuaron en su propósito de deshacerse del agua que supuestamente amenazaba a la capital del país.

A la par, durante todo ese tiempo, varios historiadores publicaron textos que narraban las obras de desagüe como obras de ingeniería que fueron esenciales para la supervivencia de la Ciudad de México.

Actualmente uno de los problemas fundamentales de esta ciudad, y de muchas localidades en el mundo, es la falta de agua. Hoy día estamos lejos de celebrar la pérdida de los bosques, la supresión de los canales, la desecación de los lagos y la entubación de los ríos que se realizaron a partir del porfiriato.

Nuevas investigaciones exploran el funcionamiento de la Cuenca de México con la hipótesis de que el desagüe no era la única forma para evitar los problemas de las inundaciones. En estos estudios se analizan de forma crítica la producción historiográfica que explicó esas obras de ingeniería.

Aprendimos a la mala que “desaguar” el Valle de México y depender del agua que se trae de otras cuencas, es hoy un grave problema. La apuesta es ahora poner a prueba la hipótesis de que la documentación generada por un sector de las elites decimonónicas, y con la cual se han escrito las historias del desagüe del Valle de México, no se refiere simplemente a medidas para evitar inundaciones, sino que eran proyectos para consolidar el funcionamiento de un sistema que les beneficiaba.

Personajes influyentes de la ingeniería del siglo XIX tenían propuestas alternativas a desaparecer los depósitos y cauces de agua del Valle de México. Propusieron explorar los pozos absorbentes a los que se hace referencia en la caricatura, también idearon desazolvar y trabajar sobre los cuerpos de agua sin eliminarlos, entre otras ideas que no han sido atendidas porque estaban fuera de la lógica del poder.

Por esta razón el estudio de la Cuenca de México, así como de las propuestas para modificarla, debe realizarse a la par del análisis de los planes sociales de las elites que las han impulsado, así como del rescate de los proyectos descartados.

Investigar nueva documentación y modificar ideas y puntos de vista no implica cambiar todo. Se debe mantener a China como la antípoda de la Ciudad de México y no un punto en medio del océano Índico, esto con el fin de conservar el sentido de muchos chistes mexicanos, a pesar de que algunos de ellos no sean de buen gusto.

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