Porfirismo vs porfiriato

(El lenguaje historiográfico, III)

por Fausta Gantús

La historiografía mexicana y la mexicanista han estado dominadas, al menos desde mediados del siglo pasado –el XX– por el uso de cierto vocabulario peyorativo con respecto a la larga etapa decimonónica en la que presidió los destinos de la República el general Porfirio Díaz, fuertemente influenciada por la obra capital, y hoy clásica, coordinada por Daniel Cosío Villegas, Historia Moderna de México. Una obra en 10 tomos, publicada en la década de los cincuenta, de los cuales siete están dedicados a la etapa que llamó El porfiriato (uno a la vida social, dos a la vida económica, dos a la vida política interior y dos a la exterior). La parte política, escrita por Cosío Villegas, trasluce su claro prejuicio, no exento de un dejo de desprecio que se pretende cubrir con el uso de la ironía, por la etapa y buena parte de los protagonistas que detentaban el poder gubernamental.

Una década antes que él, José C. Valadez escribió y publicó –hacia finales de los cuarenta– El porfirismo, historia de un régimen, en dos volúmenes (que completaría varios años después con un tercero). Se trata de una obra más mesurada y menos apasionada, pero también crítica sobre el régimen. Sin embargo, el término no resultó tan pegajoso como el que más tarde eligiera Cosío. El vocablo porfiriato se impuso o triunfó de tal manera que aún en la solapa del libro La Revolución y los revolucionarios, editado por el INERHM y la SEP en 2013, al presentar la semblanza del autor se usa en la misma, a pesar de que el subtítulo era La crisis del Porfirismo

Aunque durante mucho tiempo utilicé en mis escritos, sin cuestionarlos, los conceptos “porfiriato” y “porfiriano”, desde hace unos años decidí suprimirlos y sustituirlos por los de porfirismo y porfirista, que son, además, los términos de época. Esta decisión no es un simple capricho, responde a la convicción de que tales conceptos suponen una fuerte carga de prejuicio y menosprecio, gestado y acuñado por el movimiento revolucionario y la producción historiográfica posrevolucionaria. 

En porfiriato y porfiriano, los sufijos “ato” y “ano” tienen la clara intención de burlarse de la supuesta “dignidad” del sustantivo y de remitir a una forma de gobierno más imperial que republicana. Por eso procuro usar, en cambio, porfirismo y porfirista que son los que claramente corresponden con el uso de los sufijos “ismo” o “ista” válidos para identificar un movimiento o partido político y un periodo presidencial (juarista/juarismo, lerdista/lerdismo, etc.). Aclaro, no se trata de una reivindicación y menos aún de una defensa de esa etapa y, en particular, de la figura de Díaz, las cuales hay que revisar, analizar y criticar, sino de suprimir esa carga semántica peyorativa y recuperar el sentido denotativo, resignificando el lenguaje historiográfico.

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