por Alia Theressa Mondragón Moreno
La ironía del lugar tan marginal que ocupa América Latina en el conocimiento desde la historia global, a pesar de que en el siglo XVI esta región acabó por genuinamente integrar las redes de intercambio globales, no pasa desapercibida por los autores de Miradas globales desde América Latina. Estudios históricos más allá de lo nacional (2022) coordinado por Matilde Souto Mantecón y Daniel Kent Carrasco. El texto inicia denunciando el vacío que nuestra región deja en la historiografía con perspectiva global. Las implicaciones materiales e ideológicas de esta reflexión nos fuerzan a pensar en los interlocutores posibles de este ámbito de estudio, cuya producción tradicionalmente se ha circunscrito a instancias académicas angloparlantes. La marginalidad de América Latina en este ámbito revela, pues, la permanencia y reproducción de dinámicas coloniales en la construcción del conocimiento. Armados con el claro objetivo de retar y subvertir esta realidad, Miradas globales desde América Latina hace una bellísima propuesta al integrar las voces de jóvenes investigadores con temas tan disímiles entre sí, pero todos comprometidos con la causa de hacer un espacio al español en la historia global.
Como si de un libro de Julian Barnes se tratara, los autores nos conducen por cuatro siglos de historia en diez capítulos que ponen el énfasis en la participación de América Latina en los procesos globales. El alcance es panorámico y emocionante: la historia de las relaciones fiscales entre Nueva España y las Filipinas durante el siglo XVIII; el comercio de pieles de nutrias, que vinculó espacios tan distantes como China, Japón, Rusia, España, Inglaterra y Norteamérica; la fuerza del movimiento higienista en la construcción de políticas raciales decimonónicas en las principales urbes del mundo; el impacto de la organización productiva de Ford en los procesos globales de industrialización y su efecto en el contexto de producción en México; los paralelos simbólicos que podemos encontrar entre Checoslovaquia y Chile a través de las experiencias nacionales de un socialismo crítico a las posturas hegemónicas; la organización sindical global de la primera posguerra como una práctica fluida y mediada por las ideas de emancipación y autodeterminación del sindicalismo revolucionario; el cuestionamiento de las narrativas eurocéntricas de lo civilizado y lo salvaje a través de la reflexión del uso del término ‘indio’ en Nueva España y la India; la presencia latinoamericana en la Revolución verde en África a través del intercambio de conocimientos sobre el cultivo del maíz; el estudio de los movimientos sufragistas latinoamericanos como medio para replantear el uso de ‘olas’ como categoría de análisis de los feminismos no hegemónicos; o los extraordinarios vínculos radiofónicos e impresos que conectan a la China comunista con Colombia durante la guerra fría sin la mediación de ninguna gran potencia.
Una de las aportaciones más valiosas de este compendio es su riqueza, no sólo temática sino de uso de fuentes diversas y políglotas. La historia global angloparlante exhibe sus carencias al no poder incorporar a América Latina en sus estudios por los meros obstáculos lingüísticos que sólo son superables a través de la participación de sus nativos, quienes incorporan fuentes en español y portugués realzando así la relevancia de sus aportaciones a las discusiones historiográficas contemporáneas. Las propuestas nos conducen por caminos distintos pero igualmente estimulantes, ya que cada una abre líneas de investigación que invitan a otros jóvenes académicos a unirse,desde este rincón del mundo, a las enormes posibilidades de conocimiento que la historia global nos permite crear. Con ello, América Latina se abre paso en este campo, no únicamente como una entidad accesoria de los intereses hegemónicos, sino como una región con actores históricos con agencia y trayectoria propias.
