por César Erik Castellanos Martínez
Durante la llamada Guerra Fría (1945-1991) el mundo se polarizó en dos grandes campos: el bloque comunista, liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y el bloque capitalista, liderado por los Estados Unidos de América (EUA). La confrontación global entre ambos sistemas impregnó el conjunto de la vida social, política y cultural de las sociedades de aquella época. La dicotomía capitalismo versus socialismo fue un marco ideológico que dotó de sentido a muy diferentes sucesos y conflictos, aunque estos estuvieran o no vinculados realmente a dicha dicotomía.
Cuando surgieron los modernos movimientos de homosexuales y lesbianas tras la mítica rebelión de Stonewall (Nueva York, 1969), no faltaron los grupos conservadores que vieron en tales movimientos la mano siniestra de los comunistas. En el contexto del surgimiento del Movimiento de Liberación Homosexual mexicano (MLH, 1978-1984), una nota periodística (Noticias: voz e imagen de Oaxaca, 1980) dio cuenta de la “operación eros”.
Según esto, en 1954 un grupo de agentes soviéticos organizó, en un campamento en Polonia, orgías con “maniáticos sexuales” para grabar películas y tomar fotografías. El material pornográfico fue llevado a los países occidentales. Con el apoyo de “agentes pervertidos”, es decir, homosexuales y lesbianas espías, la URSS difundió pornografía que pretendió “desviar” y “desbordar” la energía sexual de la juventud, con el objetivo de debilitar la moral de las sociedades occidentales. La “operación eros” fue, así, “una de las variadas armas de la guerra fría de Oriente contra Occidente lanzada por el comunismo internacional”. La nota terminó haciendo referencia al MLH mexicano y a su lema “¡Por un socialismo sin sexismo!”.
Otra nota periodística (El Heraldo de México, 1981) que se pronunció en contra de las emblemáticas marchas del orgullo lésbico-homosexual realizadas en la ciudad de México, señaló que dichas manifestaciones fueron una “estrategia del partido comunista de presentar como natural lo que de suyo es anormal para debilitar cada vez más los valores morales de la sociedad mexicana”. Así, los homosexuales y lesbianas fueron solo los “idiotas útiles” de los comunistas, un“medio” para realizar sus planes de destruir y apoderarse de la sociedad.
Estas condenas (heterosexistas, desde luego), de los movimientos de homosexuales y lesbianas mediante la apelación al anticomunismo dieron cuenta de cómo la mentalidad de la Guerra Fría configuró las percepciones y preocupaciones de diversos grupos sociales y políticos acerca de diferentes asuntos. Dieron cuenta, también, de cómo en el pensar y sentir de los grupos conservadores se combinaron disímiles miedos sociales y políticos, en este caso, al homosexualismo, al lesbianismo y al comunismo.
El MLH mexicano fue leído e interpretado a partir de la dicotomía socialismo versus capitalismo. En otro texto hablaré de la postura contraria: hubo quienes leyeron a dicho movimiento, desde posturas “izquierdistas”, no como un complot comunista, sino como un complot capitalista e imperialista en detrimento del proyecto socialista y las luchas populares.
