El Cine Palacio de Saltillo, México

Un intento de recordar lo que dejamos perder

por Diego García Cantú

En el mes de octubre del 2024 en la ciudad mexicana de Saltillo, Coahuila, un grupo de jóvenes hizo una proyección del filme norteamericano Shrek en los muros de las afueras del desaparecido cine “Palacio”, uno de los recintos de entretenimiento más presentes en la memoria colectiva de los saltillenses, el cual en 2015 se vio obligado a cerrar sus puertas y, a casi diez años de ello, los habitantes de esta ciudad del norte de México manifiestan su nostalgia por ello.

            Este cine fue fundado por el empresario Gabriel Ochoa Aguirre el 1 de diciembre de 1941 y destacó por su estilo art decó, siendo su artífice el arquitecto Mario Pani y cuyas características aún pueden ser contempladas por los peatones que cruzan las calles de Guadalupe Victoria y Manuel Acuña todos los días, con la gran diferencia de que el sitio actualmente funge como una zapatería, la cual, según opiniones de muchos habitantes de la ciudad, no le hace honor al pasado del inmueble.

Archivo Municipal de Saltillo, «Cine Palacio, Saltillo», circa 1945. Autor sin identificar. Reprografía: Fototeca del AMS en su página de Instagram, https://www.instagram.com/p/DDDS1ifTCsQ/?utm_source=ig_embed&ig_rid=ea3a9a0a-9023-4d60-a036-0e653bbcd051&img_index=1

            Desde que este sitio dejó de proyectar los más recientes estrenos de películas tanto nacionales como internacionales, la población saltillense ha expresado malestar, enojo, tristeza, pero sobre todo nostalgia por el cese de funciones de éste y más recintos en la capital del estado de Coahuila.

El auge en popularidad de los conglomerados de exhibición de filmes, con mayor variedad en salas, dulcería y una mejor calidad en audio y video, así como la aparición de los ahora extintos videoclubes donde se rentaban y compraban películas en formato VHS y DVD, fueron factores clave para que las audiencias mexicanas abandonaran cines como el “Palacio” a favor de estas opciones más novedosas y asequibles, lo cual fue una oportunidad para que los empresarios se hicieran con los inmuebles que hacían hasta lo imposible para atraer la atención de los ciudadanos cuyos gustos en cuanto a lugares de ocio y recreación se estaban transformando radicalmente.

En el caso del “Palacio” era común que entre la década de los 2000 y antes de su cierre a mediados de la década de los 2010 se dieran boletos gratis para funciones de cine que atrajeran a clientes que le dieran un poco de vida al recinto, aunque poco a poco esta estrategia dejo de dar resultados y hoy podemos ver las consecuencias de esto: un atractivo cine convertido en una zapatería a favor de intereses meramente comerciales que apenas favorecen el fortalecimiento de la identidad cultural de los saltillenses.

Por suerte, la obra de Ochoa Aguirre y Pani no terminó como otros cines dentro del Centro Histórico de la ciudad que fueron completamente abandonados o transformados en centros de proyección de producciones eróticas o pornográficas, tal como ocurrió con el cine “Olimpia”, ubicado entre el bulevar Presidente Cárdenas y la calle de Ignacio Allende, a unas cuadras del cine “Palacio”.

El caso de este recinto cinematográfico nos obliga como ciudadanos a repensar nuestro rol de preservar el patrimonio cultural inmueble que sobrevive en esta ciudad, así como en las del resto de México y Latinoamérica, los cuales, en un mundo globalizado con mayores necesidades económicas, en el que incluso domina el deseo de obtener lujos, están en riesgo de desaparecer tanto como edificios como negocios que dejan un impacto individual y colectivo, pues, como ocurre actualmente en Saltillo, la gente extraña ir a este cine, disfrutar de los filmes con su familia o amigos y comprar en su dulcería, de ahí que eventos como la proyección de Shrek en las fueras de este extinto cine no resulten sorprendentes que ocurran en las calles donde se ubicaba este icónico centro de recreación en la capital del estado mexicano de Coahuila.

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