El tang soo do en México

por Iván Lópezgallo

A pesar de los registros que sugieren la visita de samuráis a la ciudad de México en 1610, la práctica de artes marciales orientales en México comenzó en la primera década del siglo XX. Periodo que coincide con la etapa final del porfiriato, la popularización de deportes extranjeros y la importante migración nipona que se dio en la restauración Meiji. Así, los japoneses Harada Shinzo y Maeda Mitsuyo dieron exhibiciones y enseñaron jiu-jitsu y judo en instalaciones privadas y militares (e incluso Harada ofreció hacerlo en casa de sus alumnos).

            En 1959, Murata Nobuyoshi empezó a enseñar karate do a varios jóvenes mexicanos entre quienes se encontraba Manuel Mondragón y Kalb. Años después, Murata volvió a Japón y Matsuura Hiroshi y Yatoh Yoshimasa lo reemplazaron, hasta que fueron despedidos por Mondragón y Kalb, quien buscó a otros instructores para su escuela. Y como los nipones se negaron a complacerlo (“nos cerraron las puertas”, diría años después Mondragón y Kalb a quien esto escribe), decidió contratar a un instructor de karate coreano para que se hiciera cargo de las clases.

            Es preciso en este punto hacer una pausa para mencionar que las artes marciales orientales buscan, mediante el entrenamiento, fomentar un desarrollo equilibrado del cuerpo, la mente y el espíritu. A fines del siglo XIX, Kano Jigoro creó el judo a partir del jiu-jitsu (sistema de combate sin armas de los samuráis) y, décadas después, Funakoshi Gichin tomó al judo como base para estructurar el karate moderno (con todo y la incorporación del subfijo do, que se refiere a un camino de crecimiento personal). Finalmente, lo que en alguna época se nombró karate coreano no fue en sus inicios sino karate do, aunque con otro nombre, ya que al ser Corea una colonia nipona entre 1910 y 1945, algunos jóvenes coreanos estudiaron en Japón y aprendieron artes marciales. Después volvieron a Corea y enseñaron karate do, pero lo llamaron tang soo do o koong soo do, que son traducciones al coreano de los ideogramas chinos con que se identificó al karate. Años después, el gobierno coreano unificó los sistemas que se enseñaban en Corea, y así nació el tae won do.

            Moon Dai Won (profesor coreano que empezó dar clases en la escuela de Mondragón en mayo de 1969) era segundo dan en tang soo do por la escuela Moo Duk Kwan. A pesar de que enseñaba tang soo do a sus jóvenes alumnos, Moon y Mondragón lo difundieron como karate coreano para valerse de la popularidad del karate do. Y como las técnicas y formas eran muy parecidas, la gente asumió que se trataba de una variante del sistema nipón. Algo totalmente cierto.

            Y aunque en los años setenta hubo otras escuelas de karate coreano en México (como Ji Do Kwan, que desde el inicio enseñó tae kwon do), el maestro Moon creó la escuela de artes marciales coreanas más importante de nuestro país: Moo Duk Kwan de México. Organización que inicialmente enseñó tang soo do, y que aunque cambió el nombre de su disciplina por el de tae kwon do tras el campeonato mundial de Corea en 1973, no modificó su técnica. Por ello, la técnica y posiciones de varias escuelas mexicanas de tae kwon do se asemejan más al tang soo do que al tae kwon do, si bien utilizan este último nombre; aunque unificaron su combate libre en torno a lo establecido por la World Taekwondo (ente que rige su práctica deportiva en el mundo).

            Reconocer la influencia del tang soo do en los sistemas practicados por algunas organizaciones de tae kwon do en México no solo explica las marcadas diferencias entre sus técnicas, posiciones y formas; sino que nos permite entender que en nuestro país se formó una técnica distinta. Un sistema nuevo, diferente e interesante, pero que también es muy efectivo para la formación de mejores seres humanos.

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