por Susana María Delgado Carranco
Con este nombre quedó registrado en la Colección Genaro García –localizada en la Biblioteca Nettie Lee Benson de la Universidad de Texas en Austin– el expediente que el hijo de Juan María Wenceslao Sánchez de la Barquera y Morales, elaboró para solicitar los pagos pendientes a su padre por los gobiernos federal y del Estado de México. El acervo microfilmado fue consultado en la Biblioteca Ernesto de la Torre Villar del Instituto Mora.
Su contenido es muy interesante: consta de documentos originales, manuscritos e impresos, así como copias de otros que el propio hijo del personaje, Jacobo Barquera, realizó para completar el sumario que presentó ante las autoridades. Su hallazgo se convirtió en el punto de partida de una investigación sobre Juan Wenceslao Barquera, nombre abreviado con el que se conoció popularmente a este intelectual mexicano a quien le tocó vivir el tránsito de Nueva España a México como nación independiente.
Nuestro personaje vivió entre 1779 y 1840; aunque su certificado de bautismo constata que nació en la ciudad de Querétaro, hay varios autores que afirman que su cuna fue San Juan del Río o la hacienda familiar localizada en la provincia queretana. Precisamente, datos como éste son los que han enriquecido la información que hasta ahora se había recopilado sobre Barquera.
Como uno de tantos escritores decimonónicos, Juan Wenceslao participó en muchos episodios históricos de este periodo: fue editor del Diario de México y fundador de otros impresos hemerográficos; miembro de la sociedad secreta de los Guadalupes; autor y orador de discursos patrióticos; escritor de obras de reflexión política y económica; cabeza de la Sociedad de Amigos del País, y funcionario de los gobiernos nacionales (imperial y republicano) y del recién creado Estado de México, del que fue gobernador interino. No obstante, su figura no ha sido objeto de grandes investigaciones; quien estudió su trayectoria de manera más profunda fue Ernesto de la Torre: reeditó uno de sus libros –Lecciones de política y derecho público para instrucción del pueblo mexicano– y difundió el documento con el que se creó la Sociedad de Amigos del País. Desconocemos si dicho historiador consultó el expediente que aquí reseñamos.
Se trata, pues, de un personaje de segunda línea del que, afortunadamente, contamos con un cuerpo documental rico en información personal, familiar y profesional, que permite un mayor conocimiento de sus actividades, de la forma en que se adaptó a las cambiantes circunstancias de su época y los problemas laborales a los que se enfrentó; todo lo cual ejemplifica los cientos de casos de personas que, como él, vivieron las consecuencias de los cambios de regímenes.
Además del certificado ya mencionado, hay otros papeles que atrajeron nuestra atención. Los títulos de los estudios realizados por Barquera en los colegios de San Buenaventura Tlatelolco y de San Ildefonso, la Universidad y del Ilustre y Real Colegio de Abogados comprueban su itinerario académico. El certificado de su partida matrimonial, las cuentas e instrucciones intercambiadas entre su primogénito Daniel y él, dan cuenta de su vida familiar y sus tareas cotidianas que nos acercan a su faceta humana y a su personalidad. La correspondencia que mantuvo con José María Tornel y Antonio López de Santa Anna, entre otros, brindan información invaluable de sus relaciones políticas y la forma en la que funcionaba el poder en aquel entonces.
Por lo tanto, este corpus nos ha dado luz sobre un personaje medianamente conocido que nos aporta datos que en otras fuentes es imposible de obtener. A veces, el hallazgo de este tipo de testimonios es circunstancial, pero otras tantas es producto del esfuerzo del investigador que, con paciencia, logra encontrar la joya documental que tanto ha buscado.
