por José Luis Reyes Santos
El exilio español de 1939 durante la presidencia de Lázaro Cárdenas trajo a suelo mexicano a varios residentes españoles. Algunos nombres son: María Zambrano (filósofa y poeta), Aurora Arnaiz (jurista), Margarita Nelken (escritora y política), Ernestina de Champourcin (poeta), Concha Méndez (poeta), Isabel Palencia (diplomática y poeta), Remedios Varo (pintora), Luis Recaséns Siches (abogado), León Felipe Camino (poeta), José Moreno Villa (poeta), José Gaos (filósofo), Joaquín Xirau (filósofo), Wenceslao Roces (historiador), José Medina Echavarría (sociólogo), Javier Márquez (economista), Juan Comas (antropólogo), entre otros. La influencia española en México es innegable e imborrable.
Hay mitos que se alimentan con el paso del tiempo y el llamado exilio español no queda a salvo. Aunque en su mayoría se ha destacado el legado positivo que trajo tal fenómeno: creación de instituciones, fortalecimientos de estudios superiores en varias disciplinas humanísticas y científicas, traducciones de libros, etc. La estancia en suelo mexicano de los “refugiados españoles” dejó en el imaginario una influencia positiva, en su mayoría, en la inteligencia mexicana, sin embargo, es una imagen que se ha conservado durante varios años, olvidándose otros aspectos del exilio republicano.
Aurelia Valero Pie, en su trabajo José Gaos: Una biografía intelectual, 1938-1969 (2012) desmiente la “versión oficial” sobre el recibimiento de los “hermanos refugiados”. El recibimiento no fue con bombo y platillo, ni con confeti, sino de la siguiente manera: ¡Ahí vienen los rojos! Además, nos dice que “desde 1936, al inicio de la contienda española [guerra civil], había comenzado un sutil goteo de náufragos que, a la manera de un río poco a poco fue ensanchándose hasta parecer, a ojos poco amistosos, una verdadera inundación.”
En el libro de Guillermo Sheridan, Poeta con paisaje. Ensayos sobre la vida de Octavio Paz (2004), encontramos el ejemplo de Gil-Albert que “abrumado por la pobreza, decidirá probar suerte en Buenos Aires.” Añade que hubo otros exiliados españoles que tuvieron que abandonar México “fastidiados de la susceptibilidad mexicana”. Estas personas-anónimas todavía- tuvieron que viajar a “Uruguay, Argentina o Cuba a rehacer sus vidas.” ¿Quiénes fueron los que viajaron a estas ciudades? ¿Cuáles fueron las razones que los llevó a abandonar México? ¿Solamente fue la susceptibilidad mexicana la que los llevó a otros países?
¿Qué pasó con los exiliados españoles que tuvieron que moverse a otros países por la feroz defensa de ideologías? Desafortunadamente sobre esto no se ha escrito; esto lo advertimos a finales del periodo de Cárdenas e inicios del periodo de Manuel Ávila Camacho (1940-1946). Hubo quienes obtuvieron la nacionalidad mexicana, otros que regresaron a suelo español, mientras que otros tuvieron que mudar de país en país hasta que encontraron sosiego.
Los “refugiados españoles”, “transterrados”, “exiliados españoles”, experimentarían más de un exilio no solamente de parte de su país, sino del nuestro. De los que tomaron su maleta para mudar de México a otro país, conviene conocer los encuentros o desencuentros que tuvieron en México a través de sus archivos personales o de amigos. Se tendrá que recurrir a la numeralia para saber el porcentaje de hombres y mujeres que llegaron, cuántos permanecieron, quiénes salieron y a dónde, se tendrá que conocer su oficio u profesión. Lo principal será conocer las razones de su salida del país del águila y la serpiente.
