La contención de la pobreza y la beneficencia social en perspectiva histórica

por Tatiana Pérez Ramírez

Sobre: León Garduño, Angela. Para contener los males de la pobreza: la conformación del sistema de beneficencia durante el Segundo Imperio Mexicano. México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana/ Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2024.

La pobreza es uno de los problemas que aquejan a las sociedades contemporáneas y forma parte prioritaria de la agenda política, social y económica. Pero si bien la pobreza es un tema de la coyuntura, para comprender sus raíces y desafíos, no basta con ver los indicadores actuales, sino también es necesario hacer su rastreo en la historia y analizar los anclajes de un problema estructural.

En el libro Para contener los males de la pobreza: la conformación del sistema de beneficencia durante el Segundo Imperio Mexicano, Ángela León Garduño ofrece una contribución original y valiosa al estudio histórico de la pobreza. La autora muestra en qué momento comenzó a visibilizarse como una preocupación pública y cuáles fueron las iniciativas gubernamentales para atenderla. Pone atención a quiénes se les consideraba “pobres” y cuándo su atención fue un asunto de Estado. Su estudio se centra en el Segundo Imperio Mexicano, llenando un vacío historiográfico del periodo y del tema. Además, desde un enfoque transnacional, logra situar a México dentro del contexto de la beneficencia imperial a la luz de las influencias europeas.

El eje central de este trabajo es el desarrollo de las políticas de beneficencia social de Maximiliano y Carlota (1864 a 1867). El periodo que se analiza a profundidad es breve, no obstante, cuenta con una explicación anclada en la larga duración sobre la pobreza, la mendicidad, la filantropía, la beneficencia; así como su transformación en un problema de interés público. Este análisis incorpora una interesante revisión del efecto del cameralismo germánico en el pensamiento del emperador y el modelo centralizador francés que se aplicó en aquella época.

Ángela León demuestra que la beneficencia imperial no fue un simple acto de caridad, sino fue una estrategia política para ganar legitimidad. Se centralizó el auxilio a los pobres a partir de una red de relaciones entre el gobierno y otros actores. Se creó una legislación y se establecieron instituciones a partir de un sistema mixto basado en una dinámica de colaboración entre el gobierno, la iniciativa privada, la iglesia y el poder municipal.

No obstante, como bien señala la autora, la beneficencia no es un acto unidireccional sino una relación donde están los benefactores y los beneficiados. Por un lado, en este universo de participantes, las mujeres cobraron relevancia. Se les puede encontrar tanto en el Consejo General de Beneficencia, la Casa de Maternidad y en la agrupación de Señoras de la Caridad. Por otro lado, se reconoce la presencia y agencia de los pobres y la gente común que regularmente no aparece en las grandes narrativas y que están constantemente demandando y negociando. Nos presenta a unas clases populares, que no fueron pasivas, sino que recibieron las políticas de beneficencia y las adaptaron a sus necesidades.

Aunque los acontecimientos del Segundo Imperio Mexicano pueden parecer lejanos, su revisión resulta útil para pensar en el contexto actual nacional. Tras años de escuchar el lema gubernamental “primero los pobres”, conviene acercarse a estas experiencias históricas para entender cómo se fueron construyendo las políticas públicas y de qué manera se buscó “contener” a la pobreza. Ojalá investigaciones como esta nos permitan reflexionar sobre las respuestas que se han dado en el pasado y, con ello, aportar – en mayor o menor medida- a superar no solo la contención y el asistencialismo, sino reducir brechas, y construir una sociedad más justa y menos desigual.

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